La batalla del Golfo de Leyte, entre el 23 y el 26 de octubre de 1944, es la mayor batalla naval de la historia por tonelaje implicado: más de 350 buques, unos 200.000 hombres y un área de combate de 250.000 kilómetros cuadrados. Terminó con la Armada Imperial Japonesa destruida como fuerza operativa y con el debut de los ataques kamikaze organizados.

También estuvo a punto de convertirse en un desastre estadounidense. Durante unas horas del 25 de octubre, la fuerza de invasión de Leyte quedó desprotegida frente al mayor acorazado del mundo, y solo la sobrevaloró un almirante japonés que se retiró creyendo enfrentarse a algo que no estaba allí.

Acorazados japoneses fondeados en Brunéi en octubre de 1944
Acorazados japoneses fondeados en Brunéi antes de la batalla, octubre de 1944. US Navy / Wikimedia Commons.

Por qué Filipinas

Tras Guadalcanal y la campaña de las islas Marianas, Estados Unidos podía elegir entre invadir Formosa o Filipinas. MacArthur presionó por Filipinas, en parte por razones estratégicas y en parte por su compromiso público de regresar. Nimitz prefería Formosa. Roosevelt decidió a favor de Filipinas.

Para Japón, perder Filipinas equivalía a cortar la ruta del petróleo de las Indias Orientales Neerlandesas hacia las islas metropolitanas. Sin ese combustible, la flota quedaría inmovilizada y la industria paralizada. El alto mando japonés concluyó que debía arriesgar la armada entera antes que aceptar esa pérdida, aunque las probabilidades fueran remotas.

El plan, llamado Shō-Gō 1, era complejo y desesperado. Una fuerza señuelo al norte, con los últimos portaaviones japoneses casi sin aviones ni pilotos, atraería a la potente Tercera Flota estadounidense lejos del área de desembarco. Mientras tanto, dos fuerzas de superficie con acorazados pesados entrarían por estrechos distintos y aniquilarían a los transportes en el golfo de Leyte.

«Regresaré»: el desembarco de MacArthur

Las tropas estadounidenses desembarcaron en Leyte el 20 de octubre, tres días antes del inicio de la batalla naval. MacArthur pisó la playa de Palo esa misma tarde y pronunció por radio el discurso que empezaba anunciando su regreso al pueblo filipino, cumpliendo la promesa que había hecho al evacuar Corregidor en 1942.

La escena fue en parte una construcción deliberada. La primera toma no satisfizo al equipo de prensa y se repitió; la fotografía que se hizo célebre corresponde a una de esas repeticiones. Ese cuidado por la imagen formaba parte del personaje y explica tanto su popularidad como la irritación que provocaba entre sus colegas de la Marina.

Detrás del gesto había una decisión estratégica discutible pero comprensible. Filipinas era territorio estadounidense desde 1898 y contaba con un movimiento de resistencia numeroso que había sostenido tres años de ocupación. Abandonarlo en favor de Formosa habría tenido un coste político considerable, y ese cálculo pesó tanto como cualquier consideración operativa en la decisión de Roosevelt.

Los cuatro combates

Leyte no fue una batalla sino cuatro enfrentamientos separados por cientos de kilómetros.

CombateFechaResultado
Mar de Sibuyán24 oct.Ataques aéreos hunden el acorazado Musashi; Kurita retrocede y luego reanuda el rumbo
Estrecho de Surigao24-25 oct.Última acción de acorazados de la historia; la fuerza de Nishimura es aniquilada
Cabo Engaño25 oct.Halsey destruye los portaaviones señuelo de Ozawa
Frente a Samar25 oct.Escoltas y portaaviones ligeros estadounidenses frenan a la flota de Kurita

En el estrecho de Surigao se produjo el último combate de acorazados contra acorazados de la historia naval. Los buques estadounidenses cruzaron la T a la columna japonesa —maniobra clásica que permite disparar con todas las torres mientras el enemigo solo puede usar las de proa— y la destruyeron casi por completo. Cinco de los seis acorazados estadounidenses presentes habían sido hundidos o dañados en Pearl Harbor y reflotados después.

El hundimiento del Musashi

El 24 de octubre, en el mar de Sibuyán, la aviación estadounidense concentró sus ataques sobre el Musashi, gemelo del Yamato y uno de los dos acorazados más grandes jamás construidos: 72.000 toneladas, blindaje de hasta 65 centímetros y nueve cañones de 460 milímetros, el calibre naval mayor de la historia.

Recibió del orden de 19 impactos de torpedo y 17 de bomba a lo largo de cinco oleadas sucesivas. Tardó horas en hundirse y se llevó consigo a más de mil tripulantes. No llegó a disparar sus cañones principales contra un buque enemigo en toda su existencia.

El episodio resume el cambio de era mejor que cualquier análisis. Los dos acorazados más poderosos jamás botados fueron hundidos por aviones —el Musashi aquí, el Yamato seis meses después— sin haber cumplido nunca la función para la que fueron diseñados. La inversión industrial que representaron, enorme para la economía japonesa, habría rendido incomparablemente más en portaaviones, escoltas antisubmarinas o formación de pilotos.

El problema de los submarinos y el aviso previo

La batalla empezó realmente el 23 de octubre, antes de cualquier acción aérea o de superficie. Dos submarinos estadounidenses, el Darter y el Dace, avistaron la fuerza de Kurita en el paso de Palawan y transmitieron el contacto antes de atacar.

Hundieron dos cruceros pesados, entre ellos el buque insignia de Kurita, el Atago, obligándole a trasladar su mando al Yamato en plena travesía. El aviso permitió a la flota estadounidense preparar los ataques aéreos del día siguiente. Es un buen recordatorio de que la campaña submarina estadounidense en el Pacífico, mucho menos recordada que la alemana en el Atlántico, resultó bastante más eficaz: llegó a hundir en torno al 55% de todo el tonelaje mercante japonés y estranguló la economía del país.

El error de Halsey

El plan japonés funcionó en su parte más improbable. Halsey, al mando de la Tercera Flota, localizó los portaaviones de Ozawa al norte y se lanzó tras ellos con todo: portaaviones, acorazados rápidos, cruceros. No dejó ninguna fuerza cubriendo el estrecho de San Bernardino.

El origen del desastre fue en parte estructural. Halsey dependía de Nimitz en Pearl Harbor; la Séptima Flota, que protegía el desembarco, dependía de MacArthur. No había un mando único sobre el teatro, y las comunicaciones entre ambas cadenas eran lentas. Halsey envió un mensaje sobre una fuerza de tarea que estaba formando; Kinkaid entendió que esa fuerza quedaba guardando el estrecho. Nadie lo hacía.

A eso se sumó un cálculo previo. Halsey sabía que Spruance había sido criticado por no perseguir con suficiente agresividad a los portaaviones japoneses en el Mar de Filipinas meses antes, y estaba decidido a que destruir la fuerza de portaaviones fuera el objetivo prioritario. Que aquellos portaaviones apenas llevaran aviones no podía saberlo con certeza.

Frente a Samar: la acción más desigual de la guerra naval

La mañana del 25 de octubre, la fuerza de Kurita —cuatro acorazados, entre ellos el gigantesco Yamato, seis cruceros pesados y escoltas— apareció por el estrecho sin oposición y se encontró frente a la unidad Taffy 3: seis portaaviones de escolta, buques mercantes convertidos, tres destructores y cuatro destructores de escolta.

La desproporción era absoluta. Los portaaviones de escolta alcanzaban 18 nudos frente a los 30 de los cruceros japoneses, su blindaje no detenía ni fuego de ametralladora pesada y su armamento defensivo se reducía a un cañón de 127 mm en popa. Muchos de sus aviones estaban cargados con bombas ligeras y cargas de profundidad para apoyo terrestre, no con torpedos antibuque.

Lo que siguió fue una defensa suicida. Los destructores atacaron con torpedos a una flota de acorazados, obligándola a maniobrar para evadirlos y rompiendo su formación. El USS Johnston, ya con la mitad de la artillería destruida y sin timón, siguió disparando hasta hundirse; su comandante, Ernest Evans, recibió la Medalla de Honor a título póstumo. Los aviones atacaron repetidamente sin munición adecuada, y cuando la agotaron siguieron haciendo pasadas en seco para forzar maniobras evasivas.

Kurita se retiró. Nunca dio una explicación plenamente convincente: los informes de sus oficiales sugieren que la agresividad del ataque le hizo creer que se enfrentaba a portaaviones de flota y no a escoltas, que temía la llegada de Halsey y que llevaba dos días bajo ataque aéreo continuo tras perder su buque insignia. La fuerza de invasión de Leyte se salvó por ese error de apreciación.

El portaaviones USS Intrepid durante la batalla del Golfo de Leyte en 1944
El USS Intrepid durante las operaciones de Leyte, 1944. US Navy / Wikimedia Commons.

Los primeros kamikazes

El 25 de octubre, frente a Samar, la Unidad de Ataque Especial Shinpū ejecutó las primeras misiones kamikaze organizadas de la guerra, hundiendo el portaaviones de escolta St. Lo. No fueron los primeros ataques suicidas improvisados, pero sí los primeros planificados como táctica institucional.

La lógica detrás era puramente aritmética y desesperada. Japón había perdido a sus pilotos veteranos en las batallas de 1942 y 1944; los novatos que salían de las escuelas con apenas decenas de horas de vuelo no tenían ninguna posibilidad contra los cazas estadounidenses ni podían acertar un blanco en movimiento con un torpedo. Estrellarse sí estaba a su alcance. El vicealmirante Ōnishi lo formuló como el único modo de causar daño con los medios disponibles.

En los meses siguientes, los kamikaze hundirían unos 47 buques aliados y dañarían cientos más, alcanzando su máxima intensidad en Okinawa.

Cifras de la batalla

ConceptoEstados Unidos y AustraliaJapón
Portaaviones8 de flota, 8 ligeros, 18 de escolta1 de flota, 3 ligeros
Acorazados129
Cruceros2420
Destructores y escoltasmás de 160unos 35
Avionesunos 1.500unos 300
Buques perdidos1 portaaviones ligero, 2 de escolta, 3 destructores4 portaaviones, 3 acorazados, 10 cruceros, 11 destructores
Tonelaje hundidounas 37.000 tunas 306.000 t
Muertosunos 3.000unos 12.500

Tres mitos sobre Leyte

«Fue una victoria estadounidense limpia y planificada»

El resultado fue aplastante, pero la ejecución estuvo cerca del desastre. El señuelo japonés funcionó, el estrecho de San Bernardino quedó sin vigilancia y la fuerza de invasión estuvo desprotegida ante una escuadra de acorazados. Se salvó por la decisión inexplicable de Kurita de retirarse cuando tenía el camino abierto.

«El Yamato demostró que los acorazados seguían siendo decisivos»

Demostró justo lo contrario. Su gemelo Musashi fue hundido el día anterior por ataques aéreos sin llegar a disparar contra un buque enemigo. El Yamato disparó en Samar contra portaaviones de escolta y no logró resultados proporcionales a su tamaño. Leyte confirmó que el portaaviones era el árbitro del combate naval y que el acorazado había quedado obsoleto como arma principal.

«Los kamikazes fueron un fenómeno de fanatismo espontáneo»

Fue una decisión institucional adoptada por el mando ante la imposibilidad de causar daño por medios convencionales con pilotos apenas entrenados. Muchos voluntarios lo fueron bajo una presión social y jerárquica considerable, y las cartas conservadas muestran una gama de actitudes que va de la convicción al terror y al fatalismo.

Consecuencias

La Armada Imperial Japonesa dejó de existir como fuerza capaz de operar. Perdió la mayor parte de sus portaaviones restantes, tres acorazados y su capacidad de proyectar poder naval. Las unidades supervivientes quedaron amarradas en puerto por falta de combustible; el propio Yamato sería hundido en abril de 1945 en una misión sin retorno hacia Okinawa, con combustible solo para la ida.

Filipinas fue reconquistada en una campaña que se prolongó hasta el final de la guerra y costó vidas civiles en enorme número: la batalla de Manila, en febrero y marzo de 1945, causó más de 100.000 muertos civiles filipinos.

Y con la ruta del petróleo cortada, Japón quedó sin capacidad de sostener operaciones. Los meses siguientes llevaron directamente a la campaña de bombardeo sobre las ciudades japonesas y a la decisión sobre Hiroshima y Nagasaki.

Preguntas frecuentes

¿Por qué fue la mayor batalla naval de la historia?

Por tonelaje implicado y superficie de combate: más de 350 buques, unos 200.000 hombres y unos 250.000 kilómetros cuadrados de mar. En número de buques hundidos y tonelaje perdido supera a cualquier otro enfrentamiento naval.

¿Qué error cometió el almirante Halsey?

Persiguió con toda su flota los portaaviones señuelo japoneses, que apenas llevaban aviones, dejando sin vigilancia el estrecho de San Bernardino. Eso permitió que la fuerza de acorazados de Kurita llegara sin oposición hasta la zona de desembarco.

¿Por qué se retiró Kurita cuando iba ganando?

No hay una explicación definitiva. La defensa desesperada de los destructores y aviones estadounidenses le hizo creer que se enfrentaba a portaaviones de flota, temía la llegada de Halsey y llevaba dos días bajo ataque aéreo continuo tras perder su buque insignia. Su retirada salvó a la fuerza de invasión.

¿Cuándo aparecieron los primeros kamikazes?

El 25 de octubre de 1944, durante esta batalla. La Unidad de Ataque Especial Shinpū hundió el portaaviones de escolta St. Lo en la primera misión suicida organizada como táctica institucional.

¿Qué pasó con la flota japonesa después?

Quedó destruida como fuerza operativa. Los buques supervivientes permanecieron amarrados por falta de combustible. El acorazado Yamato fue hundido en abril de 1945 camino de Okinawa en una misión sin posibilidad de regreso.

Fuentes

  • Hornfischer, James D. The Last Stand of the Tin Can Sailors. Bantam, 2004.
  • Cutler, Thomas J. The Battle of Leyte Gulf, 23-26 October 1944. HarperCollins, 1994.
  • Morison, Samuel Eliot. Leyte, June 1944 – January 1945. Little, Brown, 1958.
  • Willmott, H. P. The Battle of Leyte Gulf: The Last Fleet Action. Indiana University Press, 2005.
  • Prange, Gordon W. y otros. At Dawn We Slept. McGraw-Hill, 1981.
  • Toll, Ian W. Twilight of the Gods: War in the Western Pacific, 1944-1945. W. W. Norton, 2020.
  • Naval History and Heritage Command — Battle of Leyte Gulf
  • The National WWII Museum — Battle of Leyte Gulf

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