La apuesta más arriesgada de la guerra
El 15 de septiembre de 1950, 70.000 soldados de la ONU desembarcaron en Inchon, el puerto de Seúl, en una de las operaciones anfibias más audaces y brillantemente ejecutadas de la historia militar moderna. La operación, diseñada personalmente por el general Douglas MacArthur contra la opinión de casi todos sus asesores, cortó las líneas de suministro del ejército norcoreano de un solo golpe y revirtió en días una guerra que parecía perdida.

La situación antes de Inchon
En agosto de 1950, la situación de las fuerzas de la ONU era crítica. El ejército norcoreano había conquistado casi toda la Península de Corea en pocas semanas. Las tropas americanas y surcoreanas habían sido empujadas hasta el llamado Perímetro de Busan, un pequeño territorio en el extremo sur de la Península que apenas podían defender. La caída total de Corea del Sur parecía inminente.
MacArthur propuso una solución radical: un desembarco anfibio en Inchon, el puerto que servía a Seúl, a 350 kilómetros detrás de las líneas norcoreanas. Tomarlo cortaría el único corredor de suministro del ejército norcoreano. Sin suministros, el ejército en el sur colapsamaría.
Por qué todos decían que era imposible
Los planificadores navales enumeraron los obstáculos: las mareas de Inchon eran de las más extremas del mundo, con diferencias de hasta 10 metros entre marea alta y baja. Las ventanas de marea alta utilizables eran de apenas unas horas y se producían solo ciertos días del mes. El canal de acceso era estrecho y fácilmente minado. La única playa utilizable estaba dominada por el Wolmi-do, una isla fuertemente defendida. Cualquier error de coordinación dejaría los barcos varados en el barro.
Los jefes del Estado Mayor en Washington presentaron estas objeciones a MacArthur. Él los escuchó pacientemente y respondió que precisamente porque el desembarco parecía imposible, los norcoreanos no lo esperarían. «Inchon será el éxito más grande de mi vida», declaró. «¡Eso lo prometo!»
El desembarco y sus consecuencias
La operación fue un éxito rotundo. El Wolmi-do fue tomado en pocas horas. En dos días, los marines americanos controlaban Inchon. Seúl fue liberada el 28 de septiembre — apenas dos semanas después del desembarco. Simultáneamente, las fuerzas de la ONU en el Perímetro de Busan lanzaron una contraofensiva. El ejército norcoreano, atrapado entre dos fuerzas y sin suministros, se desintegró. En pocas semanas, la situación se había invertido completamente.
El éxito de Inchon fue tan abrumador que llevaría a MacArthur a cometer el error que transformaría la victoria en un nuevo empate: convencido de su genio y de la debilidad del adversario, empujó sus tropas hasta la frontera china, ignorando las advertencias de que China interviendría si las fuerzas de la ONU se acercaban al río Yalu. La intervención china en octubre de 1950 transformó una guerra casi ganada en dos años más de estancamiento sangriento.