La noche en que la embajada americana fue asaltada
En la madrugada del 31 de enero de 1968, durante el Tet — el Año Nuevo Lunar vietnamita, un período de tregua tradicional — el Viet Cong y el Ejército de Vietnam del Norte lanzaron ataques simultáneos sobre más de 100 ciudades y bases militares del sur de Vietnam. Un comando suicida asaltó la embajada americana en Saigón. Hue, la antigua capital imperial, cayó en manos comunistas durante 25 días. Khe Sanh fue sitiada durante semanas.
Militarmente, la Ofensiva del Tet fue un fracaso para el Viet Cong: sufrió pérdidas enormes y no consiguió ninguno de sus objetivos territoriales. Políticamente, fue uno de los golpes más devastadores que una potencia militar haya sufrido en la historia moderna. Las imágenes de los combates en Saigón, transmitidas en directo por las cadenas de televisión americanas, destruyeron la narrativa oficial de que Estados Unidos estaba ganando la guerra.
El «credibility gap»: el gobierno había mentido
En los meses anteriores al Tet, la administración Johnson había difundido con insistencia que la guerra iba bien. El general William Westmoreland había declarado en noviembre de 1967 que «el final del túnel está a la vista». El propio presidente Johnson había dicho repetidamente que Estados Unidos estaba ganando. Cuando el Tet demostró que la realidad era completamente diferente, el «credibility gap» — la brecha entre lo que el gobierno decía y la verdad — se convirtió en un abismo.
Walter Cronkite, el presentador del telediario de la CBS y la persona de mayor credibilidad periodística en América, viajó a Vietnam tras el Tet y emitió un editorial sin precedentes: «Parece cada vez más cierto que la única salida racional de Vietnam será la negociación, no como vencedores, sino como gente honorable que hizo lo posible.» Cuando el presidente Johnson lo vio, se volvió a su asistente y dijo: «Si he perdido a Cronkite, he perdido a la América de la clase media.»
La retirada de Johnson y el fin de una era
El 31 de marzo de 1968, el presidente Lyndon B. Johnson pronunció uno de los discursos más sorprendentes de la historia política americana. Anunció una reducción de los bombardeos sobre Vietnam del Norte y luego, en las últimas líneas, declaró que no se presentaría a la reelección. El hombre que había prometido construir la «Gran Sociedad» — las mayores reformas sociales desde el New Deal — había sido destruido por una guerra lejana.
El Tet fue el punto de inflexión de la guerra de Vietnam, no en el campo de batalla — donde las fuerzas americanas ganaron todos los enfrentamientos tácticos — sino en el frente doméstico americano. Demostró que en la era de la televisión, una guerra no puede sostenerse sin el apoyo de la opinión pública, y que ese apoyo puede destruirse más rápido de lo que se construye.