PRIMERA GUERRA MUNDIAL

El Plan Schlieffen: La Estrategia Alemana que Casi Ganó la Guerra en Seis Semanas

El problema de la guerra en dos frentes

A finales del siglo XIX, los estrategas militares alemanes tenían una pesadilla recurrente: una guerra simultánea contra Francia al oeste y Rusia al este. Con dos enemigos poderosos en flancos opuestos, Alemania quedaría atrapada en una guerra de desgaste que, más tarde o más temprano, perdería. Resolver este dilema estratégico fue el proyecto de toda la carrera del jefe del Estado Mayor alemán, el feldmariscal Alfred von Schlieffen.

La solución que Schlieffen diseñó entre 1897 y 1905 era tan simple en su concepción como brutal en su ejecución: dado que Rusia necesitaría semanas para movilizar su enorme pero lento ejército, Alemania tendría una ventana de tiempo para destruir a Francia en un ataque relámpago y luego trasladar todas sus fuerzas al este antes de que los rusos estuvieran listos. La guerra en dos frentes se convertiría en dos guerras sucesivas en un solo frente.

La idea central: el gran arco envolvente

El plan de Schlieffen era un movimiento masivo de envolvimiento inspirado en la batalla de Cannas (216 a.C.), en la que Aníbal destruyó un ejército romano muy superior rodeándolo por ambos flancos. En la versión moderna, el ala derecha alemana — la más fuerte, compuesta por el 90% de las fuerzas — avanzaría en un gran arco a través de Bélgica y el norte de Francia, rodeando París por el oeste y golpeando las líneas francesas por la espalda. El ejército francés, presionado frontalmente por el ala izquierda alemana en Alsacia-Lorena, quedaría atrapado y aniquilado en cuestión de semanas.

Schlieffen calculó que la operación necesitaría aproximadamente seis semanas. Después, los trenes militares alemanes transportarían al ejército victorioso al este, donde Rusia apenas estaría comenzando a movilizarse. La clave del plan era la velocidad total: antes de que nadie pudiera reaccionar, Francia estaría fuera de la guerra.

El problema de Bélgica: un error fatal

El plan tenía un problema político enorme que Schlieffen decidió ignorar: para que el ala derecha alemana tuviera espacio suficiente para su gran arco envolvente, debía atravesar Bélgica. Pero Bélgica era un estado neutral cuya neutralidad había sido garantizada por las grandes potencias europeas, incluida Alemania, en el Tratado de Londres de 1839.

Violar esa neutralidad significaba arrastrar al Reino Unido a la guerra: los británicos habían garantizado la neutralidad belga y no podían ignorar su invasión. Schlieffen y sus sucesores calcularon que los británicos no intervendrían, o que si lo hacían, llegarían demasiado tarde. Fue un error de cálculo estratégico catastrófico: el Cuerpo Expedicionario Británico llegó a tiempo, combatió con gran efectividad, y la entrada del Imperio Británico en la guerra garantizó que Alemania tendría que enfrentarse también a los recursos del mayor imperio colonial del mundo.

Ejército alemán invadiendo Bélgica 1914
La invasión alemana de Bélgica en agosto de 1914 provocó la entrada del Reino Unido en la guerra. Imagen de dominio público.

Por qué fracasó el Plan Schlieffen

El plan nunca llegó a ejecutarse en su forma original. El sucesor de Schlieffen, el general Helmuth von Moltke el Joven, introdujo modificaciones que debilitaron el ala derecha — la clave del plan — transfiriendo divisiones al ala izquierda y al frente oriental. Cuando llegó el momento de la ejecución en agosto de 1914, el ala derecha simplemente no tenía la fuerza suficiente para completar el gran envolvimiento.

El avance alemán llegó a las afueras de París en septiembre de 1914, pero en la Batalla del Marne, las fuerzas francesas y británicas contraatacaron y detuvieron el avance. Los alemanes se retiraron unos 70 kilómetros y comenzaron a cavar trincheras. En cuestión de semanas, el frente quedó fijado en una línea de 700 kilómetros que apenas se movería durante los siguientes cuatro años. La guerra de movimientos que el Plan Schlieffen pretendía ser se convirtió en la guerra de trincheras que todos conocemos.

El legado del Plan Schlieffen

El fracaso del Plan Schlieffen determinó el carácter de toda la Primera Guerra Mundial. Al no poder derrotar rápidamente a Francia, Alemania quedó atrapada exactamente en la guerra de dos frentes que el plan pretendía evitar. La economía alemana no podía sostenerse indefinidamente frente a los recursos combinados del Imperio Británico, Francia y Rusia — y más tarde Estados Unidos.

El Plan Schlieffen se estudia todavía hoy en las academias militares de todo el mundo como ejemplo de los peligros de un plan brillante en papel que ignora las realidades políticas y logísticas, sobreestima la capacidad de ejecución de las propias fuerzas, y apuesta todo al éxito inmediato sin contemplar escenarios alternativos. Cuando falló, no había plan B.

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