El cerco de Leningrado duró 872 días y mató a más civiles que los bombardeos de Hamburgo, Dresde, Hiroshima y Nagasaki juntos. Las estimaciones más aceptadas sitúan la cifra en torno a un millón de muertos, la inmensa mayoría por inanición durante el invierno de 1941-1942.

No fue un daño colateral. La directiva alemana del 22 de septiembre de 1941 establecía que la ciudad debía ser cercada y aniquilada por hambre, y que no se aceptaría su rendición aunque se ofreciera. Alimentar a tres millones de personas resultaba incompatible con la logística del Grupo de Ejércitos Norte, y el plan económico alemán para el Este contemplaba de antemano la muerte por hambre de decenas de millones de soviéticos.

Civiles de Leningrado durante el cerco alemán de 1942
Civiles de Leningrado durante el bloqueo. Wikimedia Commons.

Cómo se cerró el cerco

Leningrado —hoy San Petersburgo— era la segunda ciudad de la Unión Soviética, cuna de la revolución de 1917 y centro industrial de primer orden, con los astilleros del Báltico y la fábrica de tanques Kírov. Su valor simbólico para Hitler era enorme.

El avance del Grupo de Ejércitos Norte desde Prusia Oriental fue rápido: en diez semanas recorrió 800 kilómetros. El 8 de septiembre de 1941, la captura de Shlisselburg cortó el último enlace terrestre. Al norte, Finlandia había recuperado el istmo de Carelia perdido en la Guerra de Invierno y se detuvo aproximadamente en la frontera de 1939, negándose a participar en el asalto directo a la ciudad.

Hitler decidió no tomar Leningrado al asalto. El combate urbano habría costado bajas considerables y consumido las divisiones acorazadas que quería enviar hacia Moscú. La orden fue sellar el perímetro, bombardear y esperar. Los depósitos de alimentos Badáyev ardieron el 8 de septiembre bajo un ataque incendiario, y con ellos buena parte de las reservas de azúcar y harina de la ciudad.

El primer invierno: la ración de 125 gramos

Las autoridades soviéticas no habían evacuado a la población civil ni acumulado reservas suficientes, en parte por la negativa a admitir que la ciudad pudiera ser cercada. Cuando se cerró el bloqueo quedaban dentro unos 2,5 millones de personas, incluidos 400.000 niños.

La ración se recortó cinco veces entre septiembre y noviembre de 1941. El 20 de noviembre alcanzó su mínimo: 250 gramos diarios de pan para los obreros y 125 gramos para el resto —empleados, niños y personas a cargo—. Ese pan contenía serrín, celulosa y harina de algodón; su valor calórico real rondaba las 300 kilocalorías diarias.

El invierno de 1941-1942 fue además excepcionalmente frío, con mínimas de hasta 30 grados bajo cero. Se agotaron el carbón y la electricidad. Dejaron de funcionar el agua corriente, el alcantarillado, la calefacción y el transporte público. La gente quemó muebles, libros y el entarimado de sus casas. En diciembre morían unas 50.000 personas al mes; en enero y febrero de 1942, la cifra superó las 100.000 mensuales.

Hubo canibalismo. Los archivos del NKVD registran más de 2.000 detenciones por consumo de carne humana durante el cerco, casi todas por aprovechamiento de cadáveres y no por homicidio. Es un dato que la historiografía soviética silenció durante décadas y que solo se documentó con la apertura de los archivos en los años noventa.

El Plan del Hambre: el contexto de la decisión alemana

Lo ocurrido en Leningrado no fue una improvisación de campaña. Desde mayo de 1941, antes incluso de la invasión, los planificadores económicos alemanes dirigidos por Herbert Backe habían elaborado el llamado Hungerplan. Su premisa era que la Wehrmacht en el Este debía alimentarse del territorio ocupado, y que desviar hacia las ciudades soviéticas los excedentes agrícolas de Ucrania resultaba incompatible con ese objetivo.

La consecuencia estaba explícitamente calculada: decenas de millones de personas, sobre todo población urbana rusa, morirían de hambre. Las actas de las reuniones de mayo de 1941 lo consignan sin eufemismos. Leningrado fue la aplicación más extrema y sostenida de ese plan, junto con el trato dado a los prisioneros de guerra soviéticos, de los cuales unos 3,3 millones murieron en cautividad alemana, en gran parte por inanición deliberada.

Este marco es el que explica por qué el cerco se cuenta hoy entre los crímenes de guerra del conflicto y no como una operación militar convencional, y por qué varios historiadores lo califican de genocidio.

Cifras del cerco

ConceptoCifra
Duración8 de septiembre de 1941 – 27 de enero de 1944 (872 días)
Población al inicio del cercounos 2,5 millones
Muertos civiles (estimación actual)entre 800.000 y 1,1 millones
Muertos por inaniciónmás del 95% del total civil
Evacuados por el lago Ládogaunos 1,3 millones
Proyectiles de artillería caídosunos 150.000
Bombas aéreasunas 100.000
Edificios destruidos o dañadosmás de 3.000 destruidos, 7.000 dañados
Bajas militares soviéticas del sectormás de 1 millón entre muertos y desaparecidos

La Carretera de la Vida

El único acceso posible al exterior era el lago Ládoga, al este. En verano se cruzaba en barcaza bajo ataque aéreo constante. En invierno, cuando el hielo alcanzaba espesor suficiente, se abría una ruta terrestre sobre el lago helado: la Doroga Zhizni, la Carretera de la Vida.

La primera columna de camiones cruzó el 22 de noviembre de 1941. Los conductores circulaban de noche, sin faros, con la puerta abierta para saltar si el hielo cedía; muchos camiones se hundieron con su carga y su conductor. La ruta estaba balizada, defendida por artillería antiaérea y mantenida por brigadas que reparaban las grietas y las cráteres de bomba.

Por Ládoga entraron alimentos, munición y combustible, y salieron alrededor de 1,3 millones de personas evacuadas y maquinaria industrial desmontada. La ruta no bastó para alimentar a la ciudad, pero elevó la ración lo suficiente para que la mortalidad cayera drásticamente a partir de la primavera de 1942. Sin ella, Leningrado habría muerto entera.

La ciudad de Leningrado bajo el bloqueo alemán en 1942
Leningrado bajo el bloqueo, 1942. Wikimedia Commons.

Vivir y trabajar bajo el bloqueo

La ciudad no se limitó a sobrevivir: siguió produciendo. La fábrica Kírov, situada a cuatro kilómetros de la línea del frente y bajo fuego de artillería directa, continuó fabricando y reparando carros de combate. Se produjeron munición, morteros y piezas de artillería que abastecieron al propio frente de Leningrado.

El episodio cultural más recordado es el estreno de la Séptima Sinfonía de Shostakóvich, compuesta en parte en la ciudad sitiada, el 9 de agosto de 1942. La orquesta de la Radio de Leningrado había perdido a la mayoría de sus músicos por hambre; hubo que reclutar intérpretes del frente y alimentarlos con raciones especiales para que tuvieran fuerzas para tocar. La interpretación se retransmitió por altavoces hacia las líneas alemanas.

También se conservó, con un rigor que resulta difícil de asimilar, el banco de semillas del Instituto Vavílov, la mayor colección de material genético vegetal del mundo. Varios de sus científicos murieron de hambre rodeados de toneladas de arroz, patatas y cereales que se negaron a consumir por considerarlos patrimonio irremplazable de la humanidad.

FechaRación diaria de pan (obreros)Ración diaria (resto)
Julio 1941800 g400 g
2 de septiembre 1941600 g300 g
1 de octubre 1941400 g200 g
13 de noviembre 1941300 g150 g
20 de noviembre 1941250 g125 g
25 de diciembre 1941350 g200 g
Febrero 1942500 g300 g

El invierno de la ciudad muerta

Los testimonios coinciden en describir el Leningrado de enero de 1942 como una ciudad silenciosa. Sin transporte, sin electricidad y sin agua corriente, la vida se redujo a dos actividades: hacer cola para la ración y acarrear agua desde el Nevá o desde los canales, rompiendo el hielo con lo que hubiera a mano. Un trayecto de dos kilómetros con un cubo podía llevar tres horas a una persona desnutrida.

La distrofia alimentaria, nombre clínico que los médicos de la ciudad dieron a la inanición avanzada, seguía un curso reconocible: primero el edema por retención de líquidos, luego la pérdida de masa muscular, después la apatía y la incapacidad de levantarse. Muchos murieron en la calle, camino de la panadería o de vuelta. Los cadáveres se trasladaban en trineos infantiles hasta puntos de recogida, porque nadie tenía fuerzas para cavar en tierra helada; en primavera hubo que organizar brigadas para retirar los cuerpos antes de que el deshielo provocara una epidemia.

Los hospitales continuaron funcionando con quirófanos iluminados por lámparas de queroseno. Se practicaron transfusiones con sangre de donantes que apenas se sostenían en pie y a los que se compensaba con una ración adicional. Las escuelas mantuvieron clases en sótanos para los niños que aún podían caminar, con el argumento explícito de que interrumpirlas equivaldría a aceptar que la ciudad había dejado de existir.

El mercado negro y el reparto desigual

El bloqueo no afectó a todos por igual. La tarjeta de racionamiento establecía categorías, y pasar de «persona a cargo» a «obrero» podía significar la diferencia entre vivir y morir, lo que generó una presión enorme por conseguir un puesto en una fábrica aunque no hubiera trabajo real que hacer.

Existió además un mercado negro donde el pan se cambiaba por joyas, obras de arte y objetos de valor a precios inimaginables. Y existió una capa de funcionarios del partido, personal de las panaderías y responsables de almacén con acceso privilegiado a los alimentos. Los archivos del NKVD documentan miles de causas por robo y falsificación de cartillas. Esa desigualdad, silenciada durante la época soviética, forma parte del retrato honesto del cerco tanto como la resistencia colectiva.

La ruptura del bloqueo

Los intentos de romper el cerco se sucedieron desde 1941 y fracasaron con enormes pérdidas. La operación Liubán, en la primavera de 1942, terminó con la destrucción del 2.º Ejército de Choque y la captura de su comandante, el general Vlásov, que acabó colaborando con Alemania al frente de un ejército ruso antisoviético.

El éxito llegó en enero de 1943 con la Operación Iskra, «Chispa». Un ataque convergente de los frentes de Leningrado y Vóljov abrió un corredor terrestre de entre 8 y 11 kilómetros de ancho al sur del Ládoga. Era estrecho y quedaba batido por la artillería alemana, pero permitió tender en diecisiete días una línea de ferrocarril, apodada «el corredor de la muerte» por sus operarios, que multiplicó el suministro que entraba en la ciudad.

El cerco no se levantó del todo hasta un año después. La ofensiva Leningrado-Nóvgorod, iniciada el 14 de enero de 1944, empujó al Grupo de Ejércitos Norte hasta las fronteras bálticas. El 27 de enero de 1944 se declaró oficialmente terminado el bloqueo y la ciudad celebró la noticia con salvas de artillería.

Tres mitos sobre el cerco de Leningrado

«Los alemanes intentaron tomar la ciudad y no pudieron»

No lo intentaron en serio. Hitler ordenó explícitamente no aceptar la capitulación y sustituir el asalto por el hambre, precisamente para evitar bajas en combate urbano y liberar blindados para otros frentes. La destrucción por inanición era el plan, no el resultado de un fracaso militar.

«Stalin no hizo nada por la ciudad»

Se lanzaron ofensivas repetidas para romper el cerco, algunas con pérdidas altísimas, y se organizó el suministro por el Ládoga. Lo que sí hubo fue una responsabilidad soviética previa muy grave: no evacuar a tiempo a la población civil, no dispersar los depósitos de alimentos y negar públicamente durante semanas que la ciudad pudiera quedar aislada.

«El millón de muertos es una cifra propagandística»

Las estimaciones actuales, basadas en registros civiles, actas de enterramiento y estudios demográficos posteriores a la apertura de los archivos, sitúan la mortalidad civil entre 800.000 y 1,1 millones de personas. La cifra oficial soviética de 632.000, mantenida durante décadas, es hoy considerada una subestimación deliberada.

Memoria y consecuencias

Leningrado recibió el título de Ciudad Heroica en 1945. El cementerio conmemorativo de Piskariovskoye alberga 186 fosas comunes con unos 470.000 enterrados. La memoria del bloqueo se convirtió en uno de los pilares de la identidad soviética y sigue siéndolo de la rusa contemporánea.

Esa misma centralidad tuvo un coste: bajo Stalin, la memoria del cerco fue reprimida. El museo dedicado al bloqueo se cerró en 1949 y varios dirigentes de la ciudad fueron ejecutados en el llamado «caso de Leningrado», en parte porque el relato de una supervivencia protagonizada por los propios leningradenses restaba mérito al liderazgo central. El museo no volvió a abrir hasta 1989.

El diario de Tania Sávicheva, una niña de once años que anotó en una libreta la muerte sucesiva de toda su familia hasta quedarse sola, se presentó como prueba documental en los juicios de Núremberg y sigue siendo el testimonio más difundido del bloqueo. Tania fue evacuada, pero murió en 1944 por las secuelas de la desnutrición.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto duró el cerco de Leningrado?

872 días, del 8 de septiembre de 1941 al 27 de enero de 1944. Es el asedio más largo y mortífero sufrido por una ciudad en la historia moderna.

¿Cuántas personas murieron?

Entre 800.000 y 1,1 millones de civiles según las estimaciones actuales, más de un millón de bajas militares soviéticas en el sector. Más del 95% de las muertes civiles se debieron a la inanición, no a los bombardeos.

¿Por qué los alemanes no asaltaron la ciudad?

Hitler ordenó cercarla y rendirla por hambre en lugar de tomarla. Un asalto urbano habría costado muchas bajas y habría inmovilizado divisiones acorazadas necesarias en otros frentes; además, el plan económico alemán para el Este preveía de antemano la muerte por hambre de la población urbana soviética.

¿Qué era la Carretera de la Vida?

La ruta de suministro sobre el lago Ládoga: barcazas en verano y camiones sobre el hielo en invierno. Por ella entraron alimentos y municiones y salieron alrededor de 1,3 millones de evacuados.

¿Cuál era la ración diaria durante el peor momento?

125 gramos de pan al día para niños, empleados y personas a cargo, y 250 gramos para los obreros, a partir del 20 de noviembre de 1941. Ese pan llevaba serrín y celulosa y aportaba unas 300 kilocalorías diarias.

Fuentes

  • Reid, Anna. Leningrad: The Epic Siege of World War II, 1941-1944. Walker & Company, 2011.
  • Salisbury, Harrison E. The 900 Days: The Siege of Leningrad. Harper & Row, 1969.
  • Bidlack, Richard y Lomagin, Nikita. The Leningrad Blockade, 1941-1944. Yale University Press, 2012.
  • Glantz, David M. The Siege of Leningrad 1941-1944. Cassell, 2001.
  • Jones, Michael. Leningrad: State of Siege. John Murray, 2008.
  • Kay, Alex J. Exploitation, Resettlement, Mass Murder. Berghahn Books, 2006.
  • USHMM — La invasión de la Unión Soviética
  • Imperial War Museum — The Siege of Leningrad

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