El mundo que sembró la guerra
La Segunda Guerra Mundial no empezó el 1 de septiembre de 1939, cuando los tanques alemanes cruzaron la frontera polaca. Empezó en 1919, cuando los vencedores de la Primera Guerra Mundial firmaron el Tratado de Versalles y crearon las condiciones que harían imposible una paz duradera. Entender por qué estalló la mayor guerra de la historia requiere comprender una cadena de causas que se remontan al armisticio de 1918 y que atraviesan la Gran Depresión, el ascenso de los fascismos y la fatal política de apaciguamiento de las democracias occidentales.
El Tratado de Versalles: la paz que no fue paz
El Tratado de Versalles, firmado el 28 de junio de 1919, impuso a Alemania condiciones que la mayoría de los alemanes consideraron profundamente injustas y humillantes. El Artículo 231, conocido como la «cláusula de culpabilidad de guerra», declaró a Alemania la única responsable de la guerra y justificó sobre esa base unas reparaciones económicas inicialmente fijadas en 132.000 millones de marcos oro —una suma que equivalía a más del doble del PIB alemán de 1913. Además, Alemania perdió el 13% de su territorio europeo y el 10% de su población, incluyendo la región industrial del Sarre y toda su colonia.
El economista británico John Maynard Keynes, que asistió a las negociaciones de Versalles como asesor del gobierno británico, se marchó escandalizado y publicó Las consecuencias económicas de la paz (1919), prediciendo que el tratado sembraría los gérmenes de una nueva guerra. Tenía razón. El sentimiento de agravio —la Dolchstoßlegende o «leyenda de la puñalada por la espalda», según la cual Alemania no había sido derrotada militarmente sino traicionada por políticos y judíos en el frente interno— se convirtió en el combustible del nacionalismo radical alemán.

La República de Weimar y la inestabilidad crónica
La República de Weimar, establecida en 1919, nació marcada por la derrota y el estigma de Versalles. Durante sus catorce años de existencia, enfrentó crisis permanentes: la hiperinflación de 1923, cuando el marco alemán llegó a valer 4,2 billones por dólar y la gente llevaba el dinero en carretillas para comprar pan; los intentos de golpe de estado desde la derecha (el Kapp Putsch de 1920, el Putsch de la Cervecería de Hitler en 1923) y desde la izquierda; y la polarización política extrema entre comunistas y nacionalistas que convertía el Reichstag en un campo de batalla verbal y físico.
La breve estabilidad de los «años dorados» de 1924-1929 —cuando los préstamos americanos permitieron a Alemania pagar las reparaciones y reconstruir su economía— se evaporó cuando el Crack de Wall Street de octubre de 1929 desencadenó la Gran Depresión. Para 1932, Alemania tenía seis millones de desempleados —el 30% de la población activa— y millones más en situación de miseria. En ese caldo de cultivo de desesperación, el Partido Nacionalsocialista de Adolf Hitler pasó de ser una secta marginal a convertirse en el partido más votado de Alemania.
El ascenso de Hitler: de las calles al poder
Adolf Hitler, cabo austriaco condecorado en la Primera Guerra Mundial, había fundado el NSDAP en 1919 con un programa que mezclaba nacionalismo extremo, antisemitismo virulento, anticomunismo y promesas de restaurar la grandeza alemana. Tras el fracaso del Putsch de Munich de 1923, pasó nueve meses en la cárcel donde escribió Mein Kampf, una mezcla de autobiografía y programa político que exponía con claridad —y que casi nadie se tomó en serio— sus planes de dominio europeo y exterminio judío.
El 30 de enero de 1933, el presidente Paul von Hindenburg nombró a Hitler canciller de Alemania, creyendo que los conservadores del gobierno podrían controlarlo. En pocas semanas, usando el incendio del Reichstag como pretexto, Hitler desmanteló la República de Weimar: suspendió las libertades civiles, ilegalizó a los partidos de la oposición, creó la Gestapo y estableció los primeros campos de concentración para los opositores políticos. La Ley Habilitante del 23 de marzo de 1933 le dio poderes dictatoriales plenos. La democracia alemana había muerto.

La escalada hacia la guerra: 1933-1939
Entre 1933 y 1939, Hitler desmontó sistemáticamente el orden de Versalles sin que las potencias occidentales lo detuvieran. En 1935 anunció el rearme alemán, en violación directa del tratado —Gran Bretaña y Francia protestaron pero no actuaron. En marzo de 1936 remilitarizó Renania —otra violación del tratado y de los Acuerdos de Locarno—: sus generales le advirtieron que si los franceses respondían militarmente, el ejército alemán aún débil tendría que retirarse; los franceses no se movieron. Cada cesión reforzó la convicción de Hitler de que las democracias occidentales no lucharían.
En marzo de 1938, Hitler ordenó el Anschluss —la anexión de Austria—: 200.000 soldados alemanes cruzaron la frontera sin disparar un tiro. En septiembre de 1938, durante la crisis de los Sudetes, el primer ministro británico Neville Chamberlain voló tres veces a Alemania para negociar con Hitler la cesión de la región checoslovaca de los Sudetes a cambio de una promesa de paz. El Acuerdo de Munich del 30 de septiembre de 1938, firmado por Gran Bretaña, Francia, Italia y Alemania —sin la presencia de Checoslovaquia— le entregó a Hitler lo que pedía. Chamberlain regresó a Londres proclamando «paz para nuestro tiempo». En marzo de 1939, Hitler ocupó el resto de Checoslovaquia.
El pacto Molotov-Ribbentrop y el inicio de la guerra
El 23 de agosto de 1939, el mundo recibió el mayor shock diplomático de la época: la URSS y Alemania firmaron un pacto de no agresión. Su cláusula secreta —que no se conocería oficialmente hasta 1989— dividía Europa del Este en esferas de influencia: Polonia sería repartida entre ambas potencias, y los países bálticos, Finlandia y Besarabia quedarían en la órbita soviética. Hitler tenía ya su flanco este asegurado. El 1 de septiembre de 1939, Alemania invadió Polonia. Gran Bretaña y Francia declararon la guerra a Alemania el 3 de septiembre. Había comenzado la Segunda Guerra Mundial.
El pacto fue para Stalin un intento de ganar tiempo para rearmar a la URSS. Para Hitler, la eliminación del riesgo de guerra en dos frentes —el mismo problema que había destruido a Alemania en 1914-18. Ambos calcularon mal: Hitler subestimó a la URSS como enemigo cuando la atacó en 1941; Stalin subestimó la velocidad y ferocidad de la Blitzkrieg y fue cogido por sorpresa en junio de 1941. El pacto que se suponía evitaría la guerra en Europa llevó directamente a la guerra más devastadora de la historia.
La responsabilidad histórica: ¿podría haberse evitado?
Los historiadores siguen debatiendo si la Segunda Guerra Mundial era inevitable o si pudo haberse evitado en algún momento entre 1933 y 1939. La política de apaciguamiento de Chamberlain ha sido juzgada duramente por la posteridad, pero sus defensores señalan que Gran Bretaña no estaba rearmarñada en 1938 y que Munich le dio un año precioso para prepararse. Churchill, que se opuso al apaciguamiento desde el principio, tenía razón sobre Hitler pero su posición era minoría en 1938. Lo que sí es indiscutible es que cada concesión hecha a Hitler sin resistencia fortaleció su convicción de que podía obtener todo sin guerra, y que esa convicción le llevó finalmente a calcular mal sobre Polonia. La Segunda Guerra Mundial fue, en gran medida, el precio que el mundo pagó por no haber tomado en serio Mein Kampf.
La responsabilidad de las democracias: apaciguamiento y sus límites
La política de apaciguamiento practicada por Gran Bretaña y Francia entre 1933 y 1939 ha sido juzgada duramente por la historia, pero merece una valoración matizada. En 1938, ninguna democracia occidental estaba preparada militarmente para una guerra contra Alemania. Gran Bretaña había reducido drásticamente su presupuesto de defensa durante los años 20 y 30; la RAF era inferior a la Luftwaffe; el ejército de tierra era pequeño y mal equipado. La firma del Acuerdo de Munich, aunque moralmente deshonrosa, dio a Gran Bretaña un año adicional para rearmar: las batallas de aviones Spitfire y Hurricane producidos entre 1938 y 1940 fueron las que ganaron la Batalla de Inglaterra.
El mayor error no fue el apaciguamiento en sí —dadas las circunstancias, era comprensible— sino no haberlo abandonado antes cuando quedó claro que Hitler no tenía límites. La ocupación de Checoslovaquia en marzo de 1939, en violación directa del Acuerdo de Munich que él mismo había firmado, debería haber eliminado cualquier ilusión sobre las intenciones del Führer. Para entonces, sin embargo, la lógica del apaciguamiento tenía su propio momentum: cada concesión hacía más difícil justificar una línea dura en la siguiente. La lección que el mundo extrajo de Munich —que ceder ante un agresor agresivo no hace sino envalentonarlo— se convirtió en el dogma de la política exterior occidental de la posguerra, con consecuencias que llegan hasta el presente.
El inicio formal de la guerra: el 1 de septiembre de 1939
La invasión alemana de Polonia el 1 de septiembre de 1939 fue el acto que convirtió la crisis europea en guerra mundial. A las 4:45 de la madrugada, el acorazado Schleswig-Holstein —en visita «de cortesía» al puerto polaco de Danzig— abrió fuego sobre la guarnición polaca de la Westerplatte. Simultáneamente, 1,5 millones de soldados alemanes cruzaron la frontera polaca en tres grupos de ejércitos. Gran Bretaña y Francia presentaron ultimátums a Alemania exigiendo la retirada; Hitler los ignoró. El 3 de septiembre, ambas potencias declararon la guerra. La Segunda Guerra Mundial, que costaría entre 70 y 85 millones de vidas en seis años, había comenzado.
Del Tratado de Versalles a Polonia: veinte años en una tabla
Ninguna causa aislada explica 1939. Lo que sí puede reconstruirse es la secuencia de decisiones que fueron estrechando las alternativas hasta dejar solo la guerra, y en cada escalón hubo margen para actuar de otro modo.
| Fecha | Hecho | Consecuencia |
|---|---|---|
| 28 de junio de 1919 | Tratado de Versalles | Reparaciones, pérdidas territoriales y cláusula de culpabilidad de guerra |
| 1923 | Ocupación franco-belga del Ruhr e hiperinflación | Radicalización política en Alemania |
| 1929 | Crac de Wall Street | La crisis hunde a las democracias europeas y dispara el voto extremista |
| 30 de enero de 1933 | Hitler es nombrado canciller | Desmantelamiento de la República de Weimar en meses |
| Marzo de 1935 | Rearme alemán declarado | Ruptura abierta de Versalles sin respuesta aliada |
| Marzo de 1936 | Remilitarización de Renania | Francia y Reino Unido no reaccionan |
| Marzo de 1938 | Anschluss con Austria | Primera anexión territorial |
| Septiembre de 1938 | Acuerdo de Múnich | Cesión de los Sudetes a cambio de una paz que duró un año |
| 23 de agosto de 1939 | Pacto Ribbentrop-Mólotov | Reparto secreto de Polonia y vía libre para la invasión |
| 1 de septiembre de 1939 | Invasión de Polonia | Declaración de guerra británica y francesa dos días después |
Tres mitos sobre las causas de la guerra
«Versalles hizo inevitable la guerra»
El tratado generó un resentimiento real y fue instrumentalizado sin descanso por la propaganda nazi. Pero historiadores como Sally Marks han mostrado que sus condiciones económicas fueron menos ruinosas de lo que se repite, y que Alemania pagó una fracción de lo estipulado. Entre Versalles y 1939 median veinte años y muchas decisiones que pudieron tomarse de otro modo: la inevitabilidad es una lectura retrospectiva.
«El apaciguamiento fue simple cobardía»
Chamberlain ha quedado como sinónimo de claudicación. El contexto matiza el juicio: Reino Unido no estaba rearmado en 1938, la memoria de la Gran Guerra pesaba enormemente sobre la opinión pública y no existía certeza de apoyo francés o de la Commonwealth. Fue un error de cálculo grave sobre las intenciones de Hitler, no necesariamente un acto de cobardía.
«La guerra empezó el 1 de septiembre de 1939»
Es la fecha convencional y europea. Para la historiografía asiática el conflicto arranca en 1937 con la invasión japonesa de China, o incluso en 1931 con Manchuria. Beevor ha defendido situar el inicio en la batalla de Jaljin Gol de 1939, y la invasión italiana de Etiopía de 1935 tiene también sus defensores.
Preguntas frecuentes
¿Cuáles fueron las causas principales de la Segunda Guerra Mundial?
La combinación del revisionismo alemán frente al orden de Versalles, la crisis económica de los años treinta, el ascenso de los regímenes fascistas, la debilidad de la Sociedad de Naciones y una política de apaciguamiento que interpretó mal las ambiciones de Hitler.
¿Qué fue el Acuerdo de Múnich?
El pacto de septiembre de 1938 por el que Reino Unido, Francia e Italia aceptaron la anexión alemana de los Sudetes checoslovacos sin que Checoslovaquia participara en la negociación. Chamberlain lo presentó como la paz para nuestro tiempo; Hitler ocupó el resto del país seis meses después.
¿Qué fue el Pacto Ribbentrop-Mólotov?
El acuerdo de no agresión firmado entre Alemania y la Unión Soviética el 23 de agosto de 1939. Incluía un protocolo secreto que repartía Polonia, los países bálticos y parte de Rumanía en zonas de influencia, y despejó a Hitler el riesgo de una guerra en dos frentes.
¿Podría haberse evitado la guerra?
Es una de las grandes discusiones de la historiografía contemporánea. Muchos historiadores señalan la remilitarización de Renania en 1936 como el momento en que una respuesta firme francobritánica habría sido militarmente viable y políticamente decisiva. Otros consideran que las ambiciones de Hitler llevaban a la guerra en cualquier escenario.
¿Cuándo empezó realmente la guerra?
Depende del punto de vista. La datación europea es el 1 de septiembre de 1939 con la invasión de Polonia. Desde la perspectiva asiática, la guerra ya estaba en curso desde 1937 en China, y algunos autores la remontan a 1931 con la ocupación japonesa de Manchuria.
Fuentes
- Kershaw, Ian, Descenso a los infiernos: Europa 1914-1949, 2015.
- Overy, Richard, The Origins of the Second World War, 1987.
- Weinberg, Gerhard L., The Foreign Policy of Hitler’s Germany, 1970-1980.
- Taylor, A. J. P., Los orígenes de la Segunda Guerra Mundial, 1961.
- Marks, Sally, The Illusion of Peace: International Relations in Europe 1918-1933, 1976.