PRIMERA GUERRA MUNDIAL

Batalla de Cambrai 1917: La Primera Victoria de los Tanques en la Historia

La batalla que inventó la guerra moderna

El 20 de noviembre de 1917, al amanecer, sin ningún bombardeo artillero previo que pudiera alertar a los alemanes, 476 tanques británicos surgieron de la niebla matinal frente a las trincheras alemanas en Cambrai, norte de Francia. Era la primera vez en la historia militar que los tanques se empleaban masivamente y con sorpresa total. En las primeras seis horas, los británicos avanzaron 9 kilómetros — más de lo que habían avanzado en cuatro meses de Passchendaele a costa de 275.000 bajas. Las campanas de Londres repicaron por primera vez en toda la guerra para celebrar una victoria. Era, además, una victoria que anunciaba el final de la guerra de trincheras y el inicio de la guerra mecanizada moderna.

Tanques Mark IV Cambrai 1917
Los tanques británicos Mark IV abriendo brecha en las defensas alemanas en Cambrai. Imagen de dominio público.

El invento que iba a romper el frente

El tanque había sido inventado por los británicos en 1915 como respuesta al problema fundamental de la guerra de trincheras: cómo cruzar la tierra de nadie batida por ametralladoras alemanas, atravesar el alambre de espino y romper las líneas defensivas. El primer prototipo se llamó Little Willie. La idea fue impulsada por Winston Churchill, primer Lord del Almirantazgo. Los primeros tanques de combate, los Mark I, debutaron en el Somme en septiembre de 1916 — pero con apenas 49 unidades, dispersas en un frente amplio, y muchas se averiaron en el barro. Su impacto fue limitado.

En Cambrai, el general británico Hugh Elles, comandante del recién creado Cuerpo de Tanques, propuso por primera vez emplearlos masivamente concentrados, sin bombardeo previo (que era lo que avisaba a los alemanes), atacando un sector donde el terreno era favorable (firme, sin cráteres, ondulaciones suaves) y con objetivos limitados.

La sorpresa táctica perfecta

El 20 de noviembre de 1917, a las 06:20, los 476 tanques británicos comenzaron a avanzar. La Línea Hindenburg alemana, considerada la posición defensiva más fuerte del frente occidental, fue rota en pocas horas. Los tanques avanzaban a 6 km/h aplastando el alambre de espino con sus orugas, cruzando las trincheras con la ayuda de haces de leña (fascines) que arrojaban delante para usar como puentes, y disparando con sus cañones y ametralladoras sobre los defensores aterrorizados. La infantería británica avanzaba detrás aprovechando las brechas abiertas.

Para mediodía, los británicos habían avanzado 6 kilómetros. Algunos tanques estaban a las afueras de Cambrai mismo. Cinco divisiones alemanas habían sido derrotadas. Las bajas británicas eran inferiores a 4.000. Era una victoria sin precedentes en cuatro años de guerra.

Tanques británicos WWI
Los tanques transformaron el campo de batalla. Cambrai mostró que la guerra de trincheras podía ser superada. Imagen de dominio público.

La oportunidad perdida

Pero Cambrai mostró también las limitaciones del tanque de 1917. Los Mark IV eran lentos, fácilmente averiables y vulnerables a la artillería directa. En los primeros días de combate, las pérdidas de tanques fueron enormes — alrededor de 180 fueron destruidos o averiados. Sin tanques de reserva para mantener el impulso, el avance se detuvo. Los británicos no tenían suficientes tropas frescas para explotar la brecha abierta.

El 30 de noviembre, los alemanes contraatacaron usando nuevas tácticas que ellos también habían desarrollado: las Tropas de Asalto (Sturmtruppen), unidades especializadas que infiltraban las líneas enemigas evitando los puntos fuertes y atacando los flancos y la retaguardia. La contraofensiva alemana recuperó la mayor parte del terreno perdido. Para mediados de diciembre, ambos bandos habían perdido alrededor de 45.000 hombres cada uno. La batalla terminó en un empate técnico.

El legado: el nacimiento de la guerra moderna

Aunque tácticamente Cambrai no fue una victoria decisiva, su importancia histórica es enorme. Mostró que la combinación de tanques, infantería, artillería y aviación operando en sinergia podía romper las defensas más fuertes. Los principios de Cambrai serían perfeccionados por los aliados en 1918 para conseguir las victorias finales, y por los alemanes en los años treinta para crear la Blitzkrieg que dominaría la primera fase de la Segunda Guerra Mundial.

El joven oficial alemán Heinz Guderian, que estudió obsesivamente Cambrai durante los años de entreguerras, sería el padre teórico de los Panzer alemanes. La Wehrmacht que invadió Polonia, Francia y Rusia en 1939-41 era heredera directa de las ideas que los británicos habían aplicado por primera vez en Cambrai. Una batalla de la Primera Guerra Mundial cambió la forma de hacer la guerra durante el siguiente medio siglo.

El tanque en 1917: una idea en busca de doctrina

El tanque había aparecido por primera vez en combate en el Somme en septiembre de 1916, pero de manera dispersa y sin una doctrina táctica clara. Los primeros Mark I eran lentos —5 km/h—, mecánicamente poco fiables y operados por tripulaciones apenas entrenadas. Muchos comandantes los consideraban una curiosidad experimental más que un arma decisiva. El coronel John Fuller, oficial de Estado Mayor del Cuerpo de Tanques, fue el gran teórico que cambió esa percepción. Argumentó que los tanques debían emplearse en masa, por sorpresa, en terreno adecuado y con apoyo de infantería coordinada —no dispersados en pequeños grupos como apoyo a la infantería como se había hecho hasta entonces.

Fuller eligió el sector de Cambrai precisamente porque la tierra de aluvión seca del Artois era firme y no tenía los cráteres y el barro que habían paralizado los tanques en Flandes y el Somme. Por primera vez en la historia, una fuerza de 476 tanques Mark IV se concentraría en un frente de 10 kilómetros para un ataque de ruptura total.

Tanques Mark IV británicos durante la Batalla de Cambrai, noviembre de 1917
Tanques Mark IV británicos durante la Batalla de Cambrai, noviembre de 1917

El 20 de noviembre de 1917: el amanecer de la guerra mecanizada

El ataque comenzó el 20 de noviembre de 1917 sin el bombardeo preliminar habitual que siempre advertía al enemigo. En cambio, 1.000 cañones abrieron fuego simultáneamente en un bombardeo de barrera móvil mientras los tanques avanzaban en formación, aplastando el alambre de espino que había detenido tantos ataques de infantería. El efecto fue devastador. En pocas horas, las fuerzas británicas habían avanzado entre 6 y 8 kilómetros —más que en meses de combate en el Somme o Passchendaele— y capturado 8.000 prisioneros. Por primera vez desde 1914, había una auténtica ruptura del frente. En Londres, las campanas de las iglesias repicaron celebrando la victoria.

Pero la victoria resultó efímera. Los tanques avanzados quedaron sin combustible y sin infantería de apoyo suficiente para consolidar el terreno ganado. Las reservas de caballería —que debían explotar la ruptura— no llegaron a tiempo. Y el 30 de noviembre, los alemanes lanzaron una brillante contraofensiva usando las nuevas tácticas de Stosstruppen (tropas de asalto) desarrolladas en el frente oriental: pequeños grupos infiltrándose por las brechas, evitando los puntos de resistencia y atacando las retaguardias. Los alemanes recuperaron en dos días casi todo el terreno perdido.

Las lecciones de Cambrai: la blitzkrieg antes de tiempo

A pesar del resultado final inconcluso, Cambrai fue revolucionario. Demostró que la guerra de posiciones podía romperse con la combinación adecuada de tanques, artillería, infantería y sorpresa táctica. Las lecciones de Cambrai —atacar sin bombardeo previo, concentrar los blindados, coordinarlo con infantería de asalto— fueron absorbidas y desarrolladas durante los años siguientes por el ejército alemán, que las aplicaría con perfección letal en Francia en 1940 como Blitzkrieg. El teórico británico Basil Liddell Hart, que estudió Cambrai extensamente, influyó con sus escritos en toda una generación de pensadores militares, incluyendo a los generales alemanes Guderian y Rommel que ejecutaron la guerra de movimiento de 1939-1941.

El legado a largo plazo: el nacimiento de la guerra blindada moderna

Cambrai marcó el fin de la era en que la infantería con fusil era el arma decisiva de la guerra terrestre y el inicio de la era del carro de combate y la combinación de armas. El Real Cuerpo de Tanques británico, creado en 1917, es el antepasado de todos los cuerpos blindados modernos. Los principios desarrollados en Cambrai —concentración, sorpresa, velocidad, combinación de blindados e infantería, apoyo aéreo coordinado— son los fundamentos de la doctrina de combate terrestre de cualquier ejército moderno. Cambrai fue una batalla del siglo XX nacida en la última fase de la guerra del siglo XIX, y sus lecciones no se aplicarían plenamente hasta la Segunda Guerra Mundial.

Cambrai hoy: el memorial del Cuerpo de Tanques

El Memorial del Cuerpo de Tanques en Louverval, cerca de Cambrai, conmemora a los 688 soldados del Tank Corps muertos en la batalla que no tienen tumba conocida. Un tanque Mark IV restaurado guarda la entrada al memorial. Cada año, el fin de semana más cercano al 20 de noviembre, una ceremonia reúne a veteranos, familias y representantes del actual Real Cuerpo Blindado para recordar a los pioneros de la guerra mecanizada. La batalla de Cambrai es también recordada anualmente en la iglesia de St. Martin en Cambrai, que fue escenario de combates en 1917 y que conserva la capilla del Real Cuerpo Blindado. En una guerra recordada principalmente por el barro y la masacre de la infantería, Cambrai es el momento en que la tecnología apuntó hacia una forma diferente de hacer la guerra —más rápida, más fluida y, en última instancia, más destructiva todavía.


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