PRIMERA GUERRA MUNDIAL

Batalla de Galípoli 1915-16: El Desastre de Churchill y el Nacimiento de los ANZAC

El desembarco que cambió Australia para siempre

Al amanecer del 25 de abril de 1915, las primeras lanchas con tropas australianas y neozelandesas se acercaron sigilosamente a una playa solitaria en la costa occidental de la península de Galípoli, en el actual Turquía. Lo que se suponía iba a ser un desembarco rápido para abrir el Estrecho de los Dardanelos y permitir a la Marina Aliada llegar a Estambul se convirtió en uno de los desastres más sangrientos de toda la Primera Guerra Mundial. Durante ocho meses, los soldados aliados — británicos, franceses, indios, neozelandeses, australianos y senegaleses — combatieron contra el ejército otomano en una pequeña franja costera de calor abrasador, mosquitos, disentería y obuses constantes. Cuando finalmente fueron evacuados en enero de 1916, habían dejado atrás 130.000 cadáveres aliados y otomanos.

Desembarco ANZAC Galípoli 1915
Las tropas ANZAC desembarcando en Galípoli, 25 de abril de 1915. Imagen de dominio público.

La idea de Churchill

La Campaña de Galípoli fue la criatura intelectual de Winston Churchill, entonces Primer Lord del Almirantazgo. A finales de 1914, ante el estancamiento total del frente occidental, Churchill buscaba una manera de romper el equilibrio estratégico atacando la «barriga blanda» del Imperio Otomano, que había entrado en guerra del lado alemán en noviembre. La idea era forzar el paso de los Dardanelos con la Marina, llegar al Mar de Mármara, bombardear Estambul, sacar a Turquía de la guerra, abrir un corredor marítimo con Rusia y rodear las potencias centrales por el sur. Era un plan brillante en teoría.

El primer intento, solo naval, fracasó el 18 de marzo de 1915 cuando los acorazados aliados se toparon con minas otomanas y perdieron tres buques en pocas horas. La decisión entonces fue desembarcar tropas terrestres para tomar la península y silenciar las baterías costeras. El plan se filtró en la prensa antes de ejecutarse. El alto mando otomano, asesorado por el general alemán Liman von Sanders, tuvo tiempo de fortificar las posiciones más probables de desembarco.

Los desembarcos del 25 de abril

El 25 de abril de 1915, las tropas aliadas desembarcaron en cinco playas en la punta sur de Galípoli y en una sexta playa más al norte donde llegaron las tropas del Cuerpo de Ejército Australiano y Neozelandés (ANZAC). Casi en todas partes, el desembarco fue catastrófico. En Cape Helles, los soldados británicos fueron ametrallados al salir de las lanchas; el río Sedd-el-Bahr se tiñó literalmente de rojo. En la playa ANZAC, las tropas desembarcaron por error en un lugar más al norte de lo previsto, frente a riscos casi verticales que dificultaban cualquier avance.

Por parte otomana, un joven coronel desconocido pronunció una orden famosa a sus soldados antes del combate: «No os ordeno atacar, os ordeno morir. En el tiempo que tardemos en morir, llegarán otras tropas y otros comandantes a reemplazarnos.» Ese coronel se llamaba Mustafá Kemal. Su defensa de las alturas de Chunuk Bair fue tan exitosa que se convirtió en héroe nacional. Años después, con el nombre de Atatürk, fundaría la moderna República de Turquía.

Trincheras Galípoli 1915
Las trincheras de Galípoli se convirtieron en un infierno de calor, mosquitos y disentería. Imagen de dominio público.

El estancamiento y la evacuación

Durante ocho meses, las tropas aliadas combatieron en condiciones espantosas. El verano turco trajo temperaturas de 40°C, plagas de moscas que se alimentaban de los cadáveres acumulados entre las trincheras enemigas, y epidemias de disentería que afectaron a la mayoría de los soldados. Los intentos de avance — la Batalla de Krithia, el desembarco de Suvla Bay en agosto — fracasaron todos contra la resistencia otomana. El invierno trajo lluvias torrenciales que ahogaron a soldados en sus trincheras inundadas.

En diciembre de 1915, Londres autorizó la evacuación. Paradójicamente, la evacuación fue la única operación verdaderamente exitosa de toda la campaña: entre el 19 y el 20 de diciembre se evacuó la cabeza de playa de ANZAC y en enero de 1916 la de Cape Helles, sin que los otomanos detectaran el movimiento ni causaran ni una sola baja. El secreto: dejaron rifles atados a cuerdas que disparaban automáticamente cuando se vaciaban botellas de agua, dando la impresión de actividad normal en las trincheras vacías.

El balance y el legado

Las bajas aliadas en Galípoli fueron aproximadamente 200.000 (incluyendo 44.000 muertos). Las otomanas, similares. Las australianas y neozelandesas, aunque relativamente modestas en cifras absolutas (8.700 ANZACs muertos), tuvieron un impacto enorme en sociedades pequeñas. El 25 de abril es hoy el día de conmemoración nacional más importante en ambos países: el ANZAC Day. Para muchos historiadores australianos, Galípoli marca el nacimiento de la conciencia nacional australiana — el momento en que Australia dejó de sentirse una colonia británica para empezar a verse a sí misma como una nación distinta.

Churchill cargó con la responsabilidad política del fracaso y dimitió del Almirantazgo. Su carrera política parecía terminada — pero veinticinco años después, en 1940, otro momento de máximo peligro nacional, Churchill volvería al poder y dirigiría a Gran Bretaña en una guerra mucho más grande. Galípoli fue su humillación; la Segunda Guerra Mundial, su redención.

El plan de Churchill: por qué Gallipoli

La Campaña de Gallipoli nació de la mente del Primer Lord del Almirantazgo británico, el joven e impulsivo Winston Churchill. Su razonamiento era seductor: el frente occidental estaba paralizado en trincheras sin perspectiva de ruptura. ¿Por qué no abrir un nuevo frente en el sureste de Europa, forzar los Estrechos de los Dardanelos, capturar Constantinopla —capital del Imperio Otomano— y sacar a Turquía de la guerra? Eso abriría el paso al Mar Negro, permitiría abastecer a Rusia, e induciría a Bulgaria, Rumanía y Grecia a unirse a los Aliados. Era una estrategia periférica brillante en teoría.

El problema fue la ejecución. Un primer intento naval en febrero-marzo de 1915 falló al topar con un campo de minas que hundió tres acorazados y dañó otros tres. El elemento sorpresa se perdió completamente: los otomanos supieron que vendría un desembarco y tuvieron semanas para preparar sus defensas bajo el mando del brillante general alemán Otto Liman von Sanders y del enérgico coronel turco Mustafa Kemal, el futuro Atatürk.

Soldados ANZAC durante la campaña de Gallipoli, 1915
Soldados ANZAC durante la campaña de Gallipoli, 1915

El 25 de abril de 1915: el Día ANZAC

El desembarco del 25 de abril de 1915 fue un caos desde el primer momento. Las tropas australianas y neozelandesas —los ANZAC— desembarcaron en una playa equivocada, enfrentando acantilados escarpados en lugar del terreno relativamente llano previsto. Las tropas británicas en la playa de Cabo Helles encontraron alambradas bajo el agua y ametralladoras bien posicionadas. El primer día causó miles de bajas. El coronel Mustafa Kemal lanzó a sus tropas contra los invasores con la famosa orden: «No os ordeno que ataquéis; os ordeno que muráis». Sus soldados murieron, pero detuvieron el avance aliado.

Durante los ocho meses siguientes, la campaña se convirtió en una réplica del frente occidental: trincheras a pocos metros de distancia, ataques frontales que ganaban metros con miles de bajas, enfermedad (la disentería causó más bajas que el combate), calor brutal en verano y frío glacial en invierno. El teniente general Ian Hamilton, comandante aliado, lanzó una segunda operación anfibia en Suvla Bay en agosto con tropas frescas, pero la indecisión del mando la convirtió en otro fracaso.

La retirada: el único éxito de la campaña

La evacuación de Gallipoli en diciembre de 1915 y enero de 1916 fue, paradójicamente, la operación mejor ejecutada de toda la campaña. Utilizando señuelos, retrasos programados de disparos y salidas nocturnas silenciosas, los aliados evacuaron a más de 80.000 hombres sin sufrir prácticamente ninguna baja. Los otomanos no se dieron cuenta de que el frente había quedado vacío hasta que ya era demasiado tarde. La retirada fue tan brillante que un general otomano la calificó de «la operación más perfecta de toda la guerra».

Las consecuencias: el nacimiento de Australia y Nueva Zelanda como naciones

Las bajas en Gallipoli fueron enormes: unos 44.000 muertos aliados (entre ellos 8.700 australianos y 2.700 neozelandeses) y entre 65.000 y 87.000 turcos muertos. Para Churchill, la campaña significó la dimisión del Almirantazgo y años de deshonor político. Para Australia y Nueva Zelanda, sin embargo, Gallipoli se convirtió en el momento fundacional de su identidad nacional. El valor y la resistencia de los ANZAC bajo condiciones imposibles forjó una conciencia nacional que esas jóvenes naciones, dominios recientes del Imperio Británico, no habían tenido antes. El Día ANZAC —25 de abril— es hoy la festividad más solemne de Australia y Nueva Zelanda, comparable al 4 de julio americano pero impregnado de tragedia en lugar de triunfo. Y Mustafa Kemal, el héroe de la defensa otomana, utilizó el prestigio ganado en Gallipoli para liderar la revolución turca de 1923 y fundar la República de Turquía moderna como su primer presidente.

Gallipoli y la identidad nacional de Australia y Nueva Zelanda

El Día ANZAC —25 de abril— es hoy la festividad más solemne de Australia y Nueva Zelanda. Cada año, antes del amanecer, miles de personas se reúnen en los memoriales de guerra de ambos países para la ceremonia del «Dawn Service». En Gallipoli, una ceremonia paralela congrega a australianos, neozelandeses y turcos ante los monumentos que recuerdan a los caídos de ambos bandos. El presidente turco Atatürk, en un gesto de reconciliación extraordinario para su época, escribió en 1934 estas palabras sobre los soldados ANZAC caídos en suelo turco: «Vosotros, los soldados que caísteis aquí, ahora yacéis en tierra de un país amigo. Descansad en paz. No hay diferencia entre los Johnnies y los Mehmets para nosotros, donde yacen juntos aquí en este país nuestro.» Esas palabras están grabadas hoy en el memorial de ANZAC Cove en Gallipoli y son uno de los gestos más nobles de reconciliación postbélica de la historia.

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