La noche en que la embajada americana fue asaltada
En la madrugada del 31 de enero de 1968, durante el Tet —el Año Nuevo Lunar vietnamita, período de tregua tradicional— el Viet Cong y el Ejército de Vietnam del Norte lanzaron simultáneamente ataques coordinados contra más de 100 ciudades y pueblos del sur de Vietnam. En Saigón, un comando de 19 guerrilleros del Viet Cong se abrió paso a través de los muros de la Embajada de Estados Unidos y ocupó los jardines durante seis horas. Aunque fueron eliminados antes de penetrar en el edificio principal, las imágenes del ataque, transmitidas en directo por televisión, sacudieron a la opinión pública americana con una violencia sin precedentes. Si los guerrilleros podían atacar el corazón simbólico de la presencia americana en Vietnam, ¿qué significaba eso realmente sobre el estado de la guerra?
El contexto: ¿por qué el Tet fue una sorpresa?
Para entender la magnitud del shock, hay que comprender el contexto previo. A lo largo de 1967, la administración Johnson había llevado a cabo una intensa campaña de optimismo —el llamado «programa de progreso»— asegurando al pueblo americano que la guerra avanzaba favorablemente. El general William Westmoreland, comandante de las fuerzas americanas, declaró en noviembre de 1967 ante el Congreso que la guerra estaba siendo ganada y que «el final empieza a aparecer en el horizonte». Los informes militares mostraban crecientes bajas enemigas y territorios pacificados.
La inteligencia americana había captado indicios de una gran ofensiva inminente, pero la concentraron en la base de Khe Sanh, en el norte, donde el general Vo Nguyen Giap había desplegado dos divisiones del Ejército del Norte para un asedio que parecía imitar Dien Bien Phu. Era un señuelo brillante: Westmoreland envió refuerzos al norte mientras el verdadero golpe se preparaba en el sur. Cuando llegó el Tet, el 30 de enero en el centro del país y el 31 de enero en el resto, el ejército americano y survietnamita fue cogido completamente por sorpresa.

La batalla de Hué: la más sangrienta del Tet
De todas las batallas de la Ofensiva del Tet, la Batalla de Hué fue la más prolongada y brutal. La antigua capital imperial, considerada la ciudad más hermosa de Vietnam, cayó casi completamente en manos comunistas el 31 de enero de 1968. Tres batallones del Viet Cong y dos regimientos del Ejército de Vietnam del Norte, unos 10.000 hombres en total, ocuparon la ciudad, izaron la bandera del Frente Nacional de Liberación sobre la histórica Ciudadela Imperial y comenzaron una ocupación que duraría 26 días.
Durante esos 26 días, las fuerzas comunistas llevaron a cabo una de las atrocidades más documentadas de la guerra: la Masacre de Hué. Listas de «enemigos del pueblo» previamente elaboradas permitieron identificar y ejecutar a funcionarios del gobierno survietnamita, policías, militares, intelectuales, sacerdotes católicos y ciudadanos considerados simpatizantes americanos. Cuando los Marines americanos y las fuerzas survietnamitas recuperaron la ciudad el 25 de febrero de 1968 tras combates casa por casa, descubrieron fosas comunes con entre 2.800 y 6.000 víctimas. La cifra exacta sigue siendo objeto de debate histórico.
La reconquista de Hué costó a los americanos 142 Marines muertos y 857 heridos. El ejército survietnamita sufrió 384 muertos. Las bajas comunistas se estimaron en más de 5.000. La ciudad, patrimonio histórico de Vietnam, quedó en gran parte destruida por los combates urbanos.
La derrota táctica que fue victoria estratégica
Militarmente, la Ofensiva del Tet fue un fracaso catastrófico para el Viet Cong. Los planificadores comunistas esperaban que los ataques desencadenaran una sublevación popular masiva en el sur: los civiles survietnamitas se unirían a los atacantes y el gobierno de Saigón colapsaría. Nada de eso ocurrió. La población civil no se levantó. Las unidades del Viet Cong, expuestas en terreno abierto urbano sin el apoyo guerrillero que les era habitual, fueron aplastadas por la superioridad de fuego americana y survietnamita. En las semanas siguientes al Tet, el Viet Cong perdió entre 45.000 y 58.000 combatientes —prácticamente toda su estructura en el sur—, y nunca se recuperó plenamente como fuerza combatiente autónoma.
Sin embargo, estratégicamente, el Tet fue una victoria comunista de primer orden. El periodista americano Walter Cronkite, el hombre más respetado de la televisión americana, viajó a Vietnam y emitió el 27 de febrero de 1968 un editorial sin precedentes en que declaró que la guerra había llegado a un «sangriento empate» y que la única salida honorable era la negociación. El presidente Johnson, al ver el editorial, dijo a sus asesores: «Si he perdido a Cronkite, he perdido a la América de a pie».

Las consecuencias políticas: el fin de la era Johnson
El impacto político del Tet en Estados Unidos fue sísmico. El índice de aprobación de Johnson cayó del 48% al 36% en pocas semanas. El movimiento antibelicista, que ya era poderoso, se disparó. En las primarias demócratas, el senador antibelicista Eugene McCarthy obtuvo el 42% en New Hampshire, demostrando la vulnerabilidad de Johnson. El 31 de marzo de 1968 —exactamente dos meses después del inicio del Tet—, Johnson apareció en televisión para anunciar un cese parcial de los bombardeos sobre Vietnam del Norte y, en el epílogo de su discurso, declaró que no buscaría ni aceptaría la nominación de su partido para la presidencia. El Tet había acabado con su presidencia.
El sucesor de Johnson, Richard Nixon, ganó las elecciones de noviembre de 1968 prometiendo una «paz con honor». Inició la política de vietnamización —transferir progresivamente el peso del combate al ejército survietnamita mientras retiraba tropas americanas— que finalmente llevó a los Acuerdos de París de enero de 1973 y a la retirada americana definitiva. La caída de Saigón el 30 de abril de 1975 marcó el final de la guerra y la reunificación de Vietnam bajo el comunismo.
El legado del Tet en la historia militar y mediática
La Ofensiva del Tet es hoy un caso de estudio clásico en escuelas militares y facultades de periodismo de todo el mundo. Militarmente, demostró que una derrota táctica puede convertirse en victoria estratégica si destruye la voluntad política del enemigo. Mediáticamente, marcó el inicio de la era en que la televisión podía cambiar el curso de una guerra: por primera vez, los ciudadanos americanos veían en sus salones, en tiempo casi real, el horror de un conflicto que sus líderes decían estar ganando.
El concepto del Síndrome de Vietnam —la aversión americana a comprometer tropas terrestres en guerras lejanas sin una estrategia de salida clara— hunde sus raíces directamente en el Tet. Influyó en las decisiones de política exterior americana durante décadas, desde la retirada de Beirut en 1983 hasta los debates sobre Irak y Afganistán. El Tet no solo cambió el curso de la Guerra de Vietnam: cambió la manera en que las democracias occidentales contemplan, libran y comunican sus guerras.
La fotografía de Eddie Adams y el poder de las imágenes
El 1 de febrero de 1968, el segundo día de la Ofensiva del Tet, el fotógrafo de la agencia AP Eddie Adams capturó en una fracción de segundo una de las fotografías más impactantes del siglo XX: el jefe de la policía de Saigón, el general de brigada Nguyen Ngoc Loan, disparando a quemarropa en la cabeza a un prisionero del Viet Cong esposado en la calle. La fotografía ganó el Premio Pulitzer en 1969 y se convirtió en símbolo mundial de la brutalidad de la guerra de Vietnam. En Estados Unidos, reforzó la opinión de que la guerra era moralmente corrupta e imposible de justificar.
Adams pasó el resto de su vida con sentimientos contradictorios sobre esa fotografía. Reconoció que la imagen era poderosa pero también que era incompleta: el prisionero ejecutado era un comandante del Viet Cong que acababa de matar a varios policías y a sus familias. Loan actuó de manera extrajudicial y brutal, pero en el contexto de una ciudad atacada por sorpresa y en estado de caos. La fotografía mostraba una verdad pero no toda la verdad. Adams escribió en su obituario de Loan: «El general mató al Viet Cong; yo maté al general con mi cámara». La reflexión ilustra mejor que cualquier análisis académico la responsabilidad y el poder de las imágenes en la era de la televisión y el fotoperiodismo.
El Tet en la memoria vietnamita: una victoria que se recuerda diferente
En Vietnam, la Ofensiva del Tet es recordada de manera muy diferente a como se recuerda en Estados Unidos. El gobierno vietnamita y el Partido Comunista la presentan como una gran victoria militar y política que demostró la determinación del pueblo vietnamita y aceleró la retirada americana. La fecha del 30 de enero —el inicio de la ofensiva— es una fecha conmemorativa en Vietnam del Norte. Los generales que la planearon, especialmente Vo Nguyen Giap, son figuras heroicas en el panteón nacional vietnamita. La narrativa oficial vietnamita tiende a minimizar las pérdidas catastróficas del Viet Cong y a enfatizar el impacto político sobre Estados Unidos. Es el mismo evento visto desde el espejo opuesto: derrota táctica transformada en victoria estratégica, una de las paradojas más fascinantes de la historia militar moderna.