Entre el 13 y el 15 de febrero de 1945, bombarderos británicos y estadounidenses atacaron Dresde en cuatro oleadas. Murieron alrededor de 25.000 personas y el centro histórico de una de las ciudades más bellas de Europa desapareció en una tormenta de fuego.

Ningún otro bombardeo de la guerra ha generado tanta controversia, y pocos han sido tan manipulados. Las cifras de víctimas se inflaron primero por el ministerio de propaganda alemán, después por la Alemania Oriental durante la Guerra Fría y más tarde por el negacionismo, hasta llegar a hablar de cientos de miles de muertos. La comisión histórica encargada por la propia ciudad zanjó la cuestión en 2010, y sus conclusiones no complacen a nadie que busque munición retórica.

El Bombardeo de Dresde 1945: Las Cifras Reales de una Ciudad Arrasada
El centro histórico de Dresde tras los bombardeos de febrero de 1945. Bundesarchiv / Wikimedia Commons.

La campaña de bombardeo estratégico

Dresde no fue una anomalía sino el resultado de una política sostenida durante tres años. Tras comprobar en 1941 que sus bombarderos no acertaban objetivos industriales de noche —el informe Butt reveló que solo uno de cada tres aparatos soltaba su carga a menos de ocho kilómetros del blanco—, el Bomber Command adoptó en 1942 la directiva de bombardeo de zona: atacar centros urbanos completos para destruir viviendas obreras y quebrar la moral.

Arthur Harris, al frente del Bomber Command desde febrero de 1942, defendió esa política con una convicción que no ocultaba. Su argumento era que Alemania había iniciado el bombardeo de ciudades en Varsovia, Rotterdam y Londres, y que la destrucción de su base urbana acortaría la guerra y salvaría vidas aliadas.

La técnica se había perfeccionado en Hamburgo en julio de 1943, en la Operación Gomorra, donde se produjo la primera tormenta de fuego provocada deliberadamente: unos 37.000 muertos en una noche. La secuencia era conocida: bombas explosivas primero para abrir tejados y romper conducciones de agua, incendiarias después para prender el interior de los edificios abiertos.

Por qué Dresde

Dresde era la séptima ciudad de Alemania, con unos 640.000 habitantes más una masa de refugiados que huían del avance soviético en Silesia, imposible de cuantificar con precisión pero estimada en cientos de miles.

Los argumentos militares invocados en su momento eran tres: era un nudo ferroviario importante para el traslado de tropas hacia el frente oriental, albergaba industria de guerra dispersa —óptica, componentes electrónicos, munición— y los soviéticos habían solicitado en la conferencia de Yalta, apenas días antes, ataques aéreos contra centros de comunicaciones en Sajonia para dificultar el movimiento de reservas alemanas.

Los argumentos en contra son igual de conocidos: la ciudad carecía prácticamente de defensa antiaérea, la guerra estaba decidida, el ataque se concentró en el casco histórico y no en las estaciones de clasificación ni en los polígonos industriales de las afueras, y las líneas ferroviarias volvieron a funcionar en pocos días.

Las cuatro oleadas

OleadaFecha y horaFuerzaNota
Primera13 feb., 22:13244 Lancaster británicosMarcado con bengalas sobre el estadio; carga mixta explosiva e incendiaria
Segunda14 feb., 01:23529 Lancaster británicosTres horas después, cuando los equipos de rescate ya trabajaban en las calles
Tercera14 feb., 12:17316 B-17 estadounidensesObjetivo declarado: instalaciones ferroviarias
Cuarta15 feb.211 B-17 estadounidensesObjetivo alternativo tras encontrar el principal cubierto

El intervalo de tres horas entre la primera y la segunda oleada británica no fue casual: respondía a una práctica establecida para sorprender a los equipos de bomberos, rescate y sanitarios cuando ya estaban desplegados en las calles. Es uno de los elementos que más pesan en el juicio moral sobre el ataque.

La combinación de un casco histórico con muchísima madera en estructuras y cubiertas, la ausencia casi total de defensa antiaérea y unas condiciones atmosféricas favorables produjo una tormenta de fuego: un incendio tan intenso que genera su propia corriente ascendente y succiona aire de la periferia con fuerza huracanada. Las temperaturas superaron los 1.000 grados en el núcleo. Muchas víctimas murieron por asfixia en los sótanos, al consumirse el oxígeno, sin que el fuego llegara a alcanzarlas.

La Ópera Semper de Dresde destruida tras los bombardeos de febrero de 1945
La Semperoper tras los bombardeos, Dresde 1945. Bundesarchiv / Wikimedia Commons.

La guerra de las cifras

Pocos episodios ilustran mejor cómo un número se convierte en arma política.

  • Informes oficiales alemanes de marzo de 1945: unos 20.000 muertos identificados, con una estimación final en torno a 25.000.
  • Propaganda del Reich, semanas después: el ministerio de Goebbels difundió una cifra de 200.000, añadiendo un cero a un informe interno para uso en países neutrales.
  • Alemania Oriental durante la Guerra Fría: se manejaron cifras de entre 135.000 y 300.000 para presentar a los aliados occidentales como criminales de guerra.
  • David Irving, 1963: difundió cifras de hasta 250.000 basándose en un documento falsificado. Irving fue desacreditado judicialmente en 2000 como falsificador de la historia y negacionista del Holocausto.
  • Comisión de historiadores de Dresde, 2010: tras cinco años de trabajo con registros civiles, actas de enterramiento, informes forenses y excavaciones, estableció un máximo de 25.000 muertos.

La comisión fue convocada por el propio ayuntamiento precisamente porque grupos de extrema derecha alemanes habían convertido el aniversario en una manifestación anual, usando las cifras infladas para relativizar los crímenes nazis mediante la equivalencia entre bombardeo aliado y exterminio.

Conviene el matiz: 25.000 muertos civiles en tres días no es una cifra pequeña ni desactiva el debate ético. Lo que hace es impedir que se sostenga la comparación con el Holocausto sobre bases numéricas falsas.

El debate en la propia Gran Bretaña

La controversia no empezó después de la guerra. Un mes más tarde, en marzo de 1945, Churchill escribió un memorando en el que cuestionaba el bombardeo de ciudades alemanas por «meros actos de terror y destrucción sin sentido». Retiró el texto ante la protesta de los mandos aéreos y lo sustituyó por una versión suavizada, pero la señal quedó.

El distanciamiento fue evidente al terminar la guerra. Churchill no mencionó al Bomber Command en su discurso de victoria. Sus 55.573 muertos —una tasa de bajas del 44%, la más alta de cualquier arma británica— no recibieron medalla de campaña propia. Harris fue el único comandante en jefe británico que no obtuvo un título nobiliario en la lista de honores de 1946, y se marchó a Sudáfrica. El monumento a las tripulaciones no se erigió en Londres hasta 2012, y su inauguración fue polémica.

Ese trato ha sido criticado con razón desde ambos lados: los tripulantes ejecutaban una política aprobada por el gobierno, y convertirlos a ellos en el problema fue una forma barata de que las autoridades eludieran su propia responsabilidad.

El coste para las tripulaciones

La campaña de bombardeo no fue unilateral. El Bomber Command perdió 55.573 hombres de unos 125.000 que sirvieron en él: una tasa de mortalidad del 44%, la más alta de cualquier arma británica de la guerra y comparable a la de los oficiales de infantería en las trincheras de 1916.

Un tripulante debía completar treinta misiones para terminar su turno operativo. Las probabilidades estadísticas de lograrlo, en los peores periodos de 1943 y 1944, rondaban una de cada tres. Volaban de noche, a temperaturas de 40 grados bajo cero, durante siete u ocho horas, sobre territorio defendido por cazas nocturnos y por una de las redes antiaéreas más densas jamás construidas.

A quien se negaba a volar por agotamiento psicológico se le aplicaba la etiqueta administrativa Lack of Moral Fibre, falta de fibra moral: degradación, retirada de la insignia de vuelo y traslado a destinos humillantes. Se aplicó a unos 8.400 casos, y hoy se considera un tratamiento indefendible de lo que la medicina actual identifica como trauma de combate.

Cifras del bombardeo de Dresde

ConceptoCifra
Fechas13-15 de febrero de 1945
Oleadas4
Bombarderos británicos773 Lancaster
Bombarderos estadounidenses527 B-17
Explosivo lanzadounas 3.900 toneladas
Muertos (comisión histórica, 2010)hasta 25.000
Superficie destruida del centrounos 15 km²
Edificios destruidosunos 12.000 inmuebles
Temperatura en el núcleo de la tormenta de fuegomás de 1.000 °C
Población de la ciudadunos 640.000 más refugiados

Tres mitos sobre Dresde

«Murieron entre 100.000 y 250.000 personas»

La comisión histórica encargada por la ciudad de Dresde estableció en 2010 un máximo de 25.000 muertos, tras cinco años de análisis de registros civiles, enterramientos y excavaciones. Las cifras superiores proceden de la propaganda de Goebbels, de la Alemania Oriental y de David Irving, desacreditado judicialmente como falsificador.

«Dresde no tenía ningún valor militar»

Lo tenía, aunque menor del alegado. Era un nudo ferroviario relevante para el traslado de refuerzos al frente oriental y albergaba industria de precisión dispersa. La objeción sólida no es que careciera de valor militar, sino que el ataque se dirigió al casco histórico y no a las instalaciones ferroviarias e industriales, que volvieron a operar en pocos días.

«Fue un caso excepcional de crueldad aliada»

Fue un ataque más dentro de una política sistemática. Hamburgo causó unos 37.000 muertos en 1943, Pforzheim unos 17.000 pocos días después de Dresde, y el bombardeo incendiario de Tokio del 9 de marzo de 1945 mató a unas 100.000 personas en una noche, más que ninguna otra incursión aérea de la historia. Dresde destaca por su valor simbólico y por la explotación política posterior, no por ser un caso aislado.

¿Fue un crimen de guerra?

Jurídicamente, la cuestión quedó sin resolver. En 1945 no existía un tratado internacional en vigor que regulara específicamente el bombardeo aéreo de poblaciones: las Reglas de La Haya sobre guerra aérea de 1923 nunca llegaron a ratificarse. Ningún responsable aliado fue juzgado, y el bombardeo de ciudades no figuró en los cargos de Núremberg, en parte porque los acusadores habían practicado lo mismo.

Los criterios modernos son más claros. El Protocolo Adicional I de 1977 a los Convenios de Ginebra prohíbe expresamente los ataques indiscriminados contra poblaciones civiles y el bombardeo de zona tal como se practicó. Aplicado a 1945, Dresde no pasaría el examen; aplicar retroactivamente normas posteriores es, sin embargo, un ejercicio historiográficamente discutible.

El debate útil no es de etiquetas sino de eficacia y proporción. El Estudio de Bombardeo Estratégico de Estados Unidos concluyó tras la guerra que la campaña contra la moral civil no produjo el colapso buscado, mientras que los ataques selectivos contra la industria petrolera y las comunicaciones sí resultaron devastadores. Es decir: la parte más destructiva de la campaña fue también la menos eficaz.

Reconstrucción y memoria

Dresde quedó en Alemania Oriental. Buena parte de las ruinas se retiró y el centro se reconstruyó en estilo socialista, aunque se restauraron edificios emblemáticos como la Semperoper y el Zwinger. La Frauenkirche, la gran iglesia barroca cuya cúpula se desplomó dos días después del bombardeo, se dejó deliberadamente como montón de escombros durante 45 años, en calidad de monumento contra la guerra.

Tras la reunificación se reconstruyó con una financiación internacional en la que participaron destacadamente donantes británicos. La cruz que corona la cúpula fue fabricada por un orfebre londinense, hijo de un tripulante de bombardero que participó en el ataque. Se reconsagró en 2005.

Cada 13 de febrero, miles de dresdenses forman una cadena humana alrededor del centro. La convocatoria nació explícitamente para bloquear las marchas de la extrema derecha que instrumentalizan el aniversario.

Preguntas frecuentes

¿Cuántas personas murieron en el bombardeo de Dresde?

Unas 25.000, según la comisión de historiadores encargada por la ciudad de Dresde, que publicó sus conclusiones en 2010 tras cinco años de investigación. Las cifras de 100.000 o más carecen de fundamento documental.

¿Por qué se bombardeó Dresde en febrero de 1945?

Era un nudo ferroviario para el traslado de refuerzos al frente oriental, albergaba industria de guerra dispersa y los soviéticos habían pedido en Yalta ataques contra comunicaciones en Sajonia. El ataque se dirigió, sin embargo, al casco histórico más que a las instalaciones ferroviarias.

¿Qué es una tormenta de fuego?

Un incendio tan intenso que genera su propia corriente ascendente y succiona aire de la periferia con fuerza huracanada, alimentándose a sí mismo. En Dresde superó los 1.000 grados. Muchas víctimas murieron asfixiadas en los sótanos al consumirse el oxígeno.

¿Fue Dresde un crimen de guerra?

No existía en 1945 un tratado en vigor que regulara el bombardeo aéreo de poblaciones, y ningún responsable aliado fue juzgado. Bajo la normativa actual —el Protocolo Adicional I de 1977— un ataque de ese tipo sería ilegal. Los historiadores siguen discrepando sobre su justificación militar.

¿Se reconstruyó la ciudad?

Parcialmente. La Semperoper y el Zwinger se restauraron en época de la RDA. La Frauenkirche permaneció en ruinas 45 años como monumento contra la guerra y se reconstruyó tras la reunificación con apoyo internacional, incluida financiación británica; se reconsagró en 2005.

Fuentes

  • Taylor, Frederick. Dresden: Tuesday, 13 February 1945. Bloomsbury, 2004.
  • Overy, Richard. The Bombing War: Europe 1939-1945. Allen Lane, 2013.
  • Addison, Paul y Crang, Jeremy A. (eds.). Firestorm: The Bombing of Dresden 1945. Pimlico, 2006.
  • Friedrich, Jörg. The Fire: The Bombing of Germany 1940-1945. Columbia University Press, 2006.
  • Grayling, A. C. Among the Dead Cities. Bloomsbury, 2006.
  • Biddle, Tami Davis. Rhetoric and Reality in Air Warfare. Princeton University Press, 2002.
  • Imperial War Museum — The Bombing of Dresden
  • Frauenkirche Dresden — Historia y reconstrucción

Sigue leyendo