La salida más impactante de la Gran Guerra
El 3 de marzo de 1918, en el pueblo polaco de Brest-Litovsk, los delegados del nuevo gobierno bolchevique ruso firmaron un tratado de paz humillante con Alemania. Rusia cedía aproximadamente un cuarto de su territorio europeo — Polonia, los Países Bálticos, Ucrania, Bielorrusia y Finlandia — y se retiraba de la Primera Guerra Mundial. Para Alemania, era una victoria estratégica gigante: podía trasladar 50 divisiones al frente occidental. Para el mundo, era el momento en que la Revolución Rusa dejaba de ser un asunto interno ruso y se convertía en un fenómeno que transformaría todo el siglo XX. El comunismo había llegado al poder por primera vez en la historia.

El colapso del régimen zarista
Rusia entró en la Primera Guerra Mundial en agosto de 1914 con el ejército más grande del mundo en número de hombres pero con una infraestructura industrial completamente inadecuada para la guerra moderna. Tres años después, había sufrido cifras catastróficas de bajas — más de 2 millones de muertos. El zar Nicolás II, que había tomado personalmente el mando de las operaciones en 1915, era visto como responsable directo de los desastres militares. La inflación, la escasez de alimentos y combustible, y el colapso del transporte ferroviario habían convertido las grandes ciudades en lugares casi inhabitables.
En marzo de 1917 (febrero según el calendario juliano ruso, por eso se llama «Revolución de Febrero»), una huelga de mujeres en Petrogrado se transformó en pocos días en una insurrección general. Cuando el zar ordenó al ejército disparar contra los manifestantes, las tropas se negaron y se unieron a la revolución. El 15 de marzo, Nicolás II abdicó. Tres siglos de dinastía Romanov llegaban a su fin.
El gobierno provisional y la dualidad de poder
Tras la abdicación del zar, se formó un Gobierno Provisional liderado por liberales y socialistas moderados. Pero junto a él existía otra fuente de poder: el Soviet de Petrogrado, asamblea representativa de obreros y soldados. Esta dualidad de poder era inherentemente inestable. El Gobierno Provisional, presionado por sus aliados (Reino Unido y Francia), decidió continuar la guerra contra Alemania — error catastrófico que erosionaría todo su apoyo popular.
En abril, Vladimir Lenin, líder del Partido Bolchevique, regresó a Rusia desde su exilio en Suiza en un tren sellado proporcionado por el alto mando alemán — que esperaba precisamente que Lenin desestabilizara aún más a Rusia. Lenin lo hizo brillantemente. Su lema simple — «Paz, pan y tierra» — capturaba exactamente lo que la población deseaba: paz para acabar la guerra, pan para mitigar el hambre, tierra para los campesinos.

La Revolución de Octubre
El 7 de noviembre de 1917 (25 de octubre en el calendario juliano, de ahí el nombre «Revolución de Octubre»), los bolcheviques dieron un golpe de Estado en Petrogrado. Tomaron edificios gubernamentales clave, asaltaron el Palacio de Invierno donde se reunía el Gobierno Provisional, y declararon establecido el «Poder Soviético». Aleksandr Kerenski, primer ministro provisional, huyó. Los bolcheviques estaban en el poder. Lo que parecía improbable apenas meses antes — que un partido marxista relativamente pequeño tomara el poder en el imperio ruso — se había hecho realidad.
Brest-Litovsk: paz a cualquier precio
Lenin tenía una prioridad absoluta: salir de la guerra. Los soldados rusos estaban abandonando masivamente el frente. Los bolcheviques necesitaban consolidar su poder interno antes de combatir externamente. En marzo de 1918, firmaron Brest-Litovsk en condiciones extraordinariamente duras. Trotski, jefe negociador soviético, intentó la fórmula «ni paz ni guerra» — declarar el fin de la guerra sin firmar el tratado — pero los alemanes respondieron reanudando el avance y Lenin tuvo que aceptar los términos alemanes.
Brest-Litovsk dio a Alemania una oportunidad inesperada de ganar la guerra en el frente occidental. Pero la Revolución también desencadenó la Guerra Civil Rusa (1918-1922) que costaría millones de vidas adicionales, y la creación de la Unión Soviética en 1922 — el primer estado comunista de la historia, que durante 70 años sería una de las dos superpotencias mundiales.
El siglo soviético
Las consecuencias de la Revolución Rusa son incalculables. El comunismo se convertiría en el principal rival del capitalismo durante el siglo XX. La Guerra Fría, que dominó la política internacional entre 1947 y 1991, fue su consecuencia directa. China, Vietnam, Corea del Norte, Cuba y otros países serían comunistas en alguna etapa. Millones de personas vivirían — y morirían — bajo regímenes inspirados en lo que Lenin y los bolcheviques empezaron en 1917.
La Primera Guerra Mundial no terminó solo destruyendo cuatro imperios (alemán, austrohúngaro, otomano y ruso). También parió el siglo XX en toda su violenta complejidad.
Las dos revoluciones de 1917: febrero y octubre
Es fundamental distinguir entre las dos revoluciones rusas de 1917. La Revolución de Febrero (marzo según el calendario occidental) fue espontánea y no planificada: comenzó con huelgas de trabajadores y manifestaciones de mujeres en Petrogrado protestando contra la escasez de alimentos, se extendió cuando los regimientos del ejército se negaron a disparar contra los manifestantes y finalizó con la abdicación del zar Nicolás II el 15 de marzo de 1917. El resultado fue un Gobierno Provisional de liberales y socialistas moderados bajo el príncipe Lvov y más tarde Alexander Kerensky, que cometió el error fatal de continuar la guerra.
La Revolución de Octubre fue algo completamente diferente: un golpe de Estado planificado y ejecutado por el Partido Bolchevique de Lenin contra el Gobierno Provisional. En la noche del 25 al 26 de octubre (7 de noviembre del calendario occidental), guardias rojos y marineros leales a los bolcheviques tomaron los puntos clave de Petrogrado —estaciones de tren, centrales telefónicas, el Banco del Estado— y rodearon el Palacio de Invierno, sede del Gobierno Provisional. El «asalto» al Palacio de Invierno, dramatizado por el cine soviético como una batalla épica, fue en realidad casi incruento: el gobierno prácticamente ya no existía. Lenin proclamó el poder soviético esa misma noche.

Lenin y los bolcheviques: una minoría organizada que tomó el poder
Vladimir Ilyich Lenin había pasado los años de guerra en el exilio en Suiza, predicando la «derrota revolucionaria» —que los obreros de todos los países debían desear la derrota de sus propios gobiernos para acelerar la revolución. En abril de 1917, el gobierno alemán, que comprendió que Lenin desestabilizaría a Rusia y la sacaría de la guerra, le facilitó el viaje en un vagón sellado a través de Alemania hasta Petrogrado. Su llegada —el célebre «tren sellado»— fue uno de los actos más calculados de la historia de la guerra: Alemania estaba importando un agente subversivo para destruir a su enemigo desde dentro.
Lenin llegó a Petrogrado y pronunció sus Tesis de Abril: no apoyo al Gobierno Provisional, paz inmediata, todo el poder a los soviets. Era una posición radical que sorprendió incluso a muchos bolcheviques. Pero Lenin tenía razón sobre un punto crucial: la mayoría de la población rusa —los campesinos y los soldados— quería una sola cosa: la paz. El Gobierno Provisional siguió la guerra; los bolcheviques prometieron el fin inmediato. Ese fue el factor determinante de su victoria.
El Tratado de Brest-Litovsk: la paz de la derrota
Cumpliendo su promesa, Lenin negoció la paz con Alemania. El Tratado de Brest-Litovsk, firmado el 3 de marzo de 1918, fue una paz de derrota humillante: Rusia cedió Polonia, Finlandia, los países bálticos, Ucrania y parte de Bielorrusia —un tercio de su territorio europeo, el 34% de su población y el 54% de su industria. Los bolcheviques aceptaron estas condiciones porque necesitaban la paz a cualquier precio para consolidar el poder. Trotsky resumió la postura inicial bolchevique con la fórmula «ni guerra ni paz», pero la ofensiva alemana de febrero de 1918 los obligó a firmar. El tratado fue anulado tras la derrota alemana en noviembre de 1918, pero sus consecuencias geopolíticas —la independencia de los estados bálticos, Polonia y Finlandia— persistieron.
La Guerra Civil Rusa y la fundación de la URSS
La Revolución de Octubre no fue el fin sino el comienzo de años de violencia. La Guerra Civil Rusa (1917-1922) enfrentó al Ejército Rojo bolchevique contra los ejércitos Blancos —una coalición heterogénea de monárquicos, liberales, socialistas moderados y nacionalidades en busca de independencia— apoyados por intervenciones militares de Gran Bretaña, Francia, Japón y Estados Unidos. La guerra fue brutalmente violenta: el Terror Rojo bolchevique y el Terror Blanco mataron a cientos de miles. La familia imperial —el zar, la zarina y sus cinco hijos— fue ejecutada en Ekaterimburgo el 17 de julio de 1918. La hambruna y las epidemias de 1921-22 mataron a otros millones. Los bolcheviques ganaron, fundaron la Unión Soviética en 1922 y establecieron el primer estado comunista de la historia, cuya existencia definiría la política mundial durante el siguiente medio siglo.