En septiembre de 1944, con las tropas aliadas avanzando velozmente por Francia y Bélgica tras el éxito del Día D, el mariscal de campo Bernard Montgomery propuso una operación audaz que, de tener éxito, podría acabar con la guerra en Europa antes de Navidad. La Operación Market Garden, lanzada el 17 de septiembre de 1944, fue la mayor operación aerotransportada de la historia: 35.000 paracaidistas y soldados de planeador debían capturar una serie de puentes sobre los canales y ríos de Holanda para permitir que el 30.º Cuerpo blindado atravesara el Rin y envolviera el Ruhr, el corazón industrial alemán. Casi todo fue según el plan. Casi.
La concepción: Montgomery frena el avance americano
En agosto de 1944, los aliados avanzaban tan rápido por Francia que el problema era la logística, no los alemanes. El debate entre Eisenhower y sus dos principales comandantes de campo —Montgomery y Patton— sobre la estrategia a seguir era encarnizado. Patton, cuyo 3.º Ejército avanzaba por el sur hacia Alemania, pedía todos los suministros disponibles para su ofensiva. Montgomery, que comandaba el 21.º Grupo de Ejércitos en el norte, propuso una «navaja afilada»: concentrar todo en un único golpe de máxima potencia hacia el norte de Alemania.
Eisenhower, presionado por Churchill y por el argumento de que los V-2 que bombardeaban Londres partían de Holanda, aprobó Market Garden. Patton se quedó sin gasolina. El plan era ambicioso hasta rozar lo temerario: tres divisiones aerotransportadas —la 101.ª americana en Eindhoven, la 82.ª americana en Nimega y la 1.ª británica en Arnhem— debían capturar sus puentes respectivos y mantenerlos hasta que el XXX Cuerpo llegara por tierra siguiendo una única carretera elevada a través de los Países Bajos.
El salto: 35.000 hombres desde el cielo
El 17 de septiembre de 1944, en una tarde soleada sobre Holanda, miles de paracaidistas saltaron al vacío y centenares de planeadores aterrizaron en los prados holandeses mientras la población local salía a recibirlos con banderas naranja. Era un espectáculo sin precedentes y la sorpresa inicial fue total. La 101.ª División capturó sus puentes en Eindhoven con relativa facilidad. La 82.ª tomó el magnífico puente de Nimega sobre el Waal tras una audaz travesía fluvial bajo el fuego enemigo el 20 de septiembre.
En Arnhem, sin embargo, todo salió mal desde el principio. Por un encadenamiento de desgracias que la historia militar difícilmente ha visto igualado, la 1.ª División Aerotransportada Británica aterrizó a ocho kilómetros del puente que debía capturar —demasiado lejos para sorprender—, sus radios no funcionaban en el terreno boscoso, los mapas eran inexactos, y para colmo de males, las fotografías de reconocimiento aéreo habían detectado tanques alemanes en la zona que los planificadores habían preferido ignorar. Esos tanques pertenecían al II Cuerpo Panzer SS, en «descanso» cerca de Arnhem.
Arnhem: nueve días de heroísmo desesperado
Solo el 2.º Batallón del coronel John Frost logró llegar al extremo norte del puente de Arnhem, donde resistió durante cuatro días con 740 hombres contra fuerzas acorazadas alemanas muy superiores. Sus transmisiones de radio, cuando funcionaban, pedían urgentemente refuerzos que no llegaban. El XXX Cuerpo, atascado en la única carretera que los alemanes atacaban sin cesar a ambos flancos, avanzaba mucho más lento de lo previsto. Llegó a Nimega cuando Arnhem ya estaba perdida.
Los restos de la 1.ª División Aerotransportada, acorralados en el suburbio de Oosterbeek, resistieron nueve días en condiciones desesperadas, con escasez de munición, agua y alimentos, bajo el bombardeo constante de artillería y carros de combate alemanes. En la noche del 25 al 26 de septiembre, 2.400 supervivientes de los 10.000 que habían saltado cruzaron el Rin a nado o en balsas improvisadas. Dejaron atrás 1.485 muertos y más de 6.000 prisioneros.
Por qué falló: el puente demasiado lejano
El periodista Cornelius Ryan, que entrevistó a cientos de participantes para su libro «Un puente demasiado lejano» (1974), identificó una serie de fallos que se retroalimentaron. La inteligencia ignoró señales de alarma sobre los Panzer SS. Los planificadores fijaron unos tiempos de avance del XXX Cuerpo irrealmente optimistas. La decisión de aterrizar lejos del puente por miedo a la artillería antiaérea resultó fatal. Y la negativa del general Browning a escuchar las advertencias del mayor Brian Urquhart, oficial de inteligencia que había visto las fotos de los tanques, fue quizás el error humano más grave.
Montgomery, con su característica obstinación, defendió Market Garden como un «90% de éxito» porque los primeros cuatro puentes habían sido tomados. La historia no ha sido tan generosa con esa evaluación. La operación no solo fracasó en su objetivo de cruzar el Rin, sino que agotó tres élite divisiones aerotransportadas que tardaron meses en recuperarse, y dio tiempo a Alemania para reorganizar sus defensas en el oeste.
El legado: el invierno más largo de la guerra
El fracaso de Market Garden tuvo consecuencias directas sobre la duración de la guerra. La esperanza de acabar con el conflicto en 1944 se esfumó. El invierno de 1944-1945 trajo consigo la batalla de las Ardenas —el último gran contraataque alemán en el oeste— y el «Hongerwinter» holandés, en el que 20.000 civiles murieron de hambre en las zonas de Holanda que quedaron bajo control alemán hasta el final de la guerra como consecuencia del bloqueo alemán decretado en represalia por la huelga de ferrocarriles que los holandeses habían declarado para apoyar a los aliados durante Market Garden.
Hoy, cada septiembre, los habitantes de Arnhem y Oosterbeek rinden homenaje a los paracaidistas británicos con una ceremonia en el cementerio militar de Oosterbeek, donde yacen 1.759 soldados. Los holandeses de la región, que escondieron a cientos de evadidos en sus casas a riesgo de sus vidas, nunca han olvidado el sacrificio de aquellos hombres que saltaron del cielo para liberarlos y que, en Arnhem, no pudieron lograrlo.

El coronel Frost y el puente de Arnhem
El teniente coronel John Frost y su 2.º Batallón del Regimiento de Paracaidistas protagonizaron el episodio más heroico de Market Garden. Mientras el resto de la división quedaba frenada por los tanques del II Cuerpo Panzer SS antes de llegar a Arnhem, el batallón de Frost —unos 740 hombres— logró infiltrarse hasta el extremo norte del puente de carretera sobre el Rin la noche del 17 de septiembre. Durante cuatro días resistieron los ataques de fuerzas acorazadas muy superiores desde las casas que rodeaban la cabeza del puente, con escasas municiones y sin posibilidad de abastecerse. Sus transmisiones de radio pedían urgentemente refuerzos que nunca llegarían. El 21 de septiembre, los supervivientes agotados fueron finalmente capturados. Frost fue herido y hecho prisionero; pasó el resto de la guerra en un campo alemán.
La película Un puente demasiado lejano (1977), basada en el libro de Cornelius Ryan, inmortalizó la resistencia del batallón de Frost con el actor Anthony Hopkins en el papel del coronel. Pero la película, como todas las adaptaciones, simplificó la realidad: los días en el puente de Arnhem fueron de una brutalidad que el cine difícilmente puede transmitir. Los heridos se apilaban en los sótanos de las casas ocupadas mientras el exterior ardía. Los médicos operaban sin anestesia suficiente. Los soldados que salían a buscar agua bajo el fuego raramente regresaban.
La deuda con los holandeses: la complicidad civil
Un aspecto de Market Garden que la historia militar tiende a subestimar es el papel de la población civil holandesa. Miles de familias en Arnhem, Oosterbeek y los pueblos circundantes escondieron a soldados aliados heridos o evadidos a riesgo de sus vidas y las de sus familias. Muchos de los 2.400 evacuados que cruzaron el Rin en la noche del 25 al 26 de septiembre lo hicieron gracias a holandeses que les proporcionaron información, ropa civil o simplemente les señalaron el camino hacia el río. Algunos evadidos que no lograron cruzar el Rin permanecieron escondidos en hogares holandeses durante meses, hasta la liberación de la zona en abril de 1945. La organización clandestina que los gestionaba, conocida como la «Línea Pegasus», logró evacuar a 118 soldados aliados a través de las líneas alemanas en operaciones nocturnas.
Las consecuencias: el invierno del hambre holandés
El fracaso de Market Garden tuvo una consecuencia devastadora para la población civil holandesa que raramente se menciona junto a las pérdidas militares. Los ferrocarriles holandeses habían convocado una huelga general el 17 de septiembre de 1944 para apoyar la ofensiva aliada, siguiendo instrucciones del gobierno holandés en el exilio. Cuando Market Garden fracasó y la zona norte de Holanda permaneció bajo control alemán, los nazis impusieron un bloqueo como represalia por la huelga: prohibieron el transporte de alimentos por carretera y ferrocarril hacia la región occidental del país.
El resultado fue el Hongerwinter (invierno del hambre) de 1944-1945, uno de los episodios más trágicos de la posguerra europea. Con las temperaturas bajo cero, sin combustible para calefacción y con raciones de comida que cayeron hasta 400-500 calorías diarias —una quinta parte de lo necesario—, más de 20.000 civiles holandeses murieron de hambre y frío entre noviembre de 1944 y mayo de 1945. Los supervivientes de ese invierno sufrieron secuelas de salud a largo plazo; estudios médicos posteriores encontraron efectos sobre la salud incluso en los hijos de mujeres embarazadas durante el Hongerwinter, un fenómeno que contribuyó al desarrollo de la epigenética como campo científico. El coste humano de Market Garden no terminó cuando los últimos soldados cruzaron el Rin de regreso.