SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Rommel y el Afrika Korps: La Guerra del Desierto

En los vastos desiertos del norte de África, entre 1941 y 1943, se libró una guerra diferente a cualquier otra que el mundo había visto. Sin trincheras permanentes, sin frentes fijos, sin civiles que proteger, la guerra del desierto fue un duelo de movimiento y maniobra que hizo famoso a un general alemán hasta el punto de ser admirado por sus propios enemigos. Erwin Rommel, el «Zorro del Desierto», convirtió el teatro de operaciones africano en su escenario personal, llevando al África Korps en audaces ofensivas que pusieron en jaque al Imperio Británico y estuvieron a punto de cortar el canal de Suez.

El escenario: por qué África importaba

El norte de África no era un teatro secundario. El canal de Suez era la arteria vital del Imperio Británico, el atajo entre Europa y la India, entre el Mediterráneo y el Mar Rojo. Si los alemanes e italianos lograban conquistar Egipto y el canal, Gran Bretaña quedaría bloqueada de sus colonias asiáticas y el petróleo de Oriente Medio caería en manos del Eje. Cuando Italia declaró la guerra en junio de 1940 y sus fuerzas en Libia avanzaron hacia Egipto, Churchill comprendió que África no podía perderse.

Sin embargo, el ejército italiano demostró rápidamente sus limitaciones. En diciembre de 1940, la Operación Compás británica destruyó diez divisiones italianas y capturó 130.000 prisioneros con solo dos divisiones. Hitler, que no podía permitirse la humillación italiana, envió en febrero de 1941 el Deutsche Afrika Korps bajo el mando de un general que él mismo había elegido personalmente: Erwin Rommel.

Rommel llega al desierto: la velocidad como arma

Rommel había ganado la Cruz de Caballero durante la campaña de Francia de 1940 al mando de la 7.ª División Panzer, conocida como la «División Fantasma» por la velocidad de sus avances. Era un comandante que lideraba desde el frente, que improvisaba en tiempo real, que no esperaba instrucciones cuando veía una oportunidad. Llegó a Trípoli el 12 de febrero de 1941 con órdenes estrictas de no atacar hasta que sus fuerzas estuvieran completamente reorganizadas. Atacó dos semanas después.

En apenas dos semanas de marzo y abril de 1941, el Afrika Korps barrió las posiciones británicas en Cirenaica, recuperó todo el terreno perdido por Italia y sitió la fortaleza de Tobruk, un puerto estratégico clave. La velocidad del avance dejó al mando británico atónito. Rommel conducía personalmente en la vanguardia, sin esperar los informes de inteligencia, tomando decisiones sobre el terreno. El comandante británico Wavell, que no había sido informado de la llegada del Afrika Korps a tiempo, fue sorprendido totalmente.

El sube y baja del desierto: las campañas de 1941-1942

La guerra del norte de África se caracterizó por un vaivén constante de avances y retiradas que llevó a los combatientes a recorrer cientos de kilómetros en ambas direcciones a lo largo de la costa libia y egipcia. Tobruk resistió un asedio de ocho meses hasta que fue relevada en diciembre de 1941 por la Operación Crusader británica, que empujó de nuevo al Afrika Korps hacia el oeste. Sin embargo, Rommel contraatacó en enero de 1942 con nuevos suministros, recuperó Bengasi y en junio capturó finalmente Tobruk con 33.000 prisioneros en una operación de apenas dos días.

La caída de Tobruk fue un golpe devastador para Churchill, que recibió la noticia mientras se reunía con Roosevelt en Washington. El Parlamento británico debatió una moción de censura contra el gobierno. Rommel, ascendido a Mariscal de Campo por Hitler tras la victoria —el más joven de la Wehrmacht— parecía imparable. El camino hacia Alejandría y el canal de Suez parecía abierto.

El Alamein: donde el Zorro fue detenido

En julio de 1942, el Afrika Korps llegó a El Alamein, a apenas 100 kilómetros de Alejandría. Aquí, por primera vez, Rommel encontró una posición defensiva que no podía flanquear: al norte estaba el Mediterráneo y al sur el infranqueable Mar de Qattara, una depresión desértica de arena movediza. La Primera Batalla de El Alamein en julio frenó el avance alemán por el agotamiento de sus propias tropas y el endurecimiento de la resistencia británica bajo el nuevo mando de Claude Auchinleck.

El general Bernard Montgomery, nombrado comandante del 8.º Ejército en agosto de 1942, transformó la situación británica con metódica eficacia. Rechazó un nuevo intento ofensivo de Rommel en Alam Halfa y se preparó cuidadosamente para su propia contraofensiva. El 23 de octubre de 1942, la Segunda Batalla de El Alamein comenzó con un bombardeo artillero de 900 cañones. Durante doce días de combates encarnizados, Montgomery destruyó el Afrika Korps: Rommel, que estaba en Alemania por enfermedad, regresó para encontrar su ejército en ruinas. El 4 de noviembre, los alemanes iniciaron una retirada que no se detendría hasta Túnez.

El final en Túnez y la rendición

Mientras Montgomery perseguía a Rommel desde el este, el Desembarco de Torch en noviembre de 1942 introdujo fuerzas americanas en Marruecos y Argelia, amenazando a las fuerzas del Eje desde el oeste. Rommel, que había pronosticado que África estaba perdida, solicitó a Hitler autorización para evacuar las tropas. La respuesta fue una orden de resistir. Enfermo y exhausto, Rommel fue evacuado a Alemania en marzo de 1943. En mayo de 1943, los últimos 275.000 soldados del Eje en Túnez —alemanes e italianos— se rindieron en lo que fue apodado el «Stalingrado africano».

El legado del Zorro del Desierto

Erwin Rommel sigue siendo uno de los generales más estudiados en las academias militares del mundo, incluidas las de los países que combatió. Su capacidad para el mando en movimiento, su instinto táctico y su habilidad para aprovechar las oportunidades en tiempo real lo convierten en un modelo de liderazgo militar. Churchill llegó a elogiarlo en el Parlamento como «un gran comandante», algo extraordinario entre enemigos en plena guerra.

Rommel murió el 14 de octubre de 1944, obligado a suicidarse por Hitler tras ser implicado en el complot del 20 de julio. Su muerte fue encubierta y se anunció oficialmente como consecuencia de las heridas sufridas en un ataque aéreo. Hitler le tributó un funeral de Estado. El Zorro del Desierto, que había combatido con relativa limpieza en el norte de África —se documentó que se negó a ejecutar órdenes de fusilar prisioneros judíos—, se convirtió en el símbolo de un «otro Ejército alemán», una imagen que la historiografía posterior ha matizado considerablemente pero que refleja la complejidad moral de aquella guerra.

El estilo de mando de Rommel: el general en el frente

Lo que distinguía a Rommel de casi todos los generales de su época era su insistencia en comandar desde el frente. Mientras la mayoría de los generales dirigían desde puestos de mando en retaguardia con mapas y teléfonos, Rommel viajaba constantemente en su vehículo de mando —el famoso Mammut (Mamut), un vehículo semioruga blindado— hacia los puntos de decisión del campo de batalla. Esta práctica tenía ventajas tácticas evidentes: Rommel veía personalmente el terreno, tomaba decisiones en tiempo real y transmitía a sus tropas una energía y determinación que multiplicaban su eficacia. Pero también tenía costes: en varios momentos críticos, sus superiores en Berlín y Roma no podían localizarle para transmitirle órdenes o información.

Esta forma de mando creó la leyenda del «Zorro del Desierto». Los soldados británicos que le enfrentaban le respetaban genuinamente, algo poco común en la guerra. Churchill tuvo que ser amonestado por sus propios colegas en el Parlamento por alabar demasiado a Rommel en sus discursos. En el lado alemán, Hitler utilizó a Rommel como herramienta de propaganda, presentándolo como el héroe ario perfecto, aunque la relación entre ambos se deterioró gravemente cuando Rommel empezó a enviar informes honestos sobre la imposibilidad de ganar la guerra en África.

Erwin Rommel durante la campaña del norte de África, 1942
El mariscal Erwin Rommel en el norte de África. Su estilo de mando desde el frente lo convirtió en la figura más carismática de la guerra del desierto. Imagen de dominio público.

Los suministros: el verdadero enemigo de Rommel

La mayor limitación del Afrika Korps nunca fue el valor de sus soldados ni la habilidad de su comandante, sino la logística. El Mediterráneo central, dominado por la RAF desde Malta y la marina británica, era un cementerio para los convoyes italianos que transportaban combustible, munición y repuestos hacia Libia. En el punto álgido de la campaña, el Afrika Korps recibía apenas el 30% de los suministros que necesitaba. Rommel fue el primero en reconocerlo: en sus memorias escribió que si hubiera recibido los suministros prometidos en el momento justo, habría llegado al canal de Suez. En cambio, lanzó ofensivas con los tanques funcionando a un tercio de su capacidad de combustible, apostando a capturar los depósitos enemigos para seguir avanzando, una táctica brillante pero que un solo fallo podía convertir en catástrofe.

El descifrado ULTRA, el programa aliado de interceptación de los códigos Enigma alemanes, también fue crucial. Los aliados leían regularmente los mensajes de Rommel a Berlín y a Roma, lo que les permitía anticipar sus movimientos y atacar los convoyes de suministro con una eficacia devastadora. Cuando en agosto de 1942 Rommel intentó el ataque de Alam Halfa, Montgomery sabía con antelación por ULTRA exactamente el eje de avance alemán y preparó sus posiciones defensivas en consecuencia. Rommel nunca supo que sus comunicaciones estaban comprometidas.

El complot del 20 de julio y el final de Rommel

La muerte de Rommel está directamente ligada al fracasado atentado contra Hitler del 20 de julio de 1944. Rommel, que en ese momento se recuperaba de las graves heridas sufridas el 17 de julio cuando su vehículo fue ametrallado por un avión aliado cerca de Livarot (Normandía), había mantenido contactos con los conspiradores, aunque los historiadores debaten hasta qué punto estaba comprometido con el plan de asesinar a Hitler o simplemente con forzar una negociación de paz. La Gestapo, durante las investigaciones posteriores al fracaso del complot, encontró suficientes indicios para implicar a Rommel.

El 14 de octubre de 1944, dos generales de las SS visitaron a Rommel en su casa de Herrlingen, cerca de Ulm. Le presentaron dos opciones: ser juzgado ante el Tribunal del Pueblo —lo que significaba una condena segura y la represalia sobre su familia— o tomar una cápsula de cianuro y recibir un funeral de Estado con la promesa de que su familia quedaría protegida. Rommel eligió el cianuro. Tenía 52 años. El comunicado oficial alemán afirmó que había muerto de las heridas sufridas en Normandía. Hitler le concedió un funeral de Estado con los máximos honores militares, una última hipocresía del régimen que había ordenado su muerte.

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