PRIMERA GUERRA MUNDIAL

Batalla de Verdún 1916: El Infierno que Sangró a Francia

El infierno de Verdún

El 21 de febrero de 1916, a las 7:15 de la mañana, más de 1.200 cañones alemanes comenzaron a disparar simultáneamente sobre un frente de apenas 40 kilómetros en el noreste de Francia. Fue el mayor bombardeo artillero de la historia hasta ese momento. Cuando las tropas de infantería alemana avanzaron horas después, encontraron un paisaje lunar: árboles arrancados de raíz, cráteres de varios metros de profundidad, y los cadáveres de miles de soldados franceses. Había comenzado la Batalla de Verdún, el combate más largo y uno de los más mortíferos de toda la Primera Guerra Mundial.

Durante 303 días — casi diez meses — dos ejércitos se destruyeron mutuamente en un espacio de tierra que no superaba los 20 kilómetros cuadrados. Cuando terminó, en diciembre de 1916, habían muerto o resultado heridos aproximadamente 700.000 hombres. Ni los alemanes ni los franceses habían ganado nada. Las líneas del frente estaban casi exactamente donde habían estado al principio.

Batalla de Verdún 1916 - Primera Guerra Mundial
La Batalla de Verdún (1916) fue el combate más largo de la Primera Guerra Mundial. Imagen de dominio público.

El plan alemán: «sangrar a Francia hasta morir»

La Batalla de Verdún no fue un accidente estratégico. Fue el resultado de un cálculo frío y despiadado del jefe del Estado Mayor alemán, el general Erich von Falkenhayn. En un memorándum al Kaiser Guillermo II conocido como el «Memorándum de Navidad», Falkenhayn argumentó que Alemania no podía ganar la guerra derrotando militarmente a todos sus enemigos. En su lugar, proponía concentrar los esfuerzos en destruir la voluntad de lucha de Francia atacando un punto que los franceses no podrían abandonar por razones de orgullo nacional: Verdún.

Verdún era una ciudad con una carga simbólica enorme para Francia. Había resistido los ataques alemanes durante la guerra franco-prusiana de 1870 cuando toda la región circundante caía. Sus fuertes modernos, construidos después de aquella derrota, eran el símbolo de la determinación francesa de no volver a ser humillada. Falkenhayn apostó a que Francia movilizaría cada reserva disponible para defender Verdún, y que en ese proceso el ejército francés sufriría pérdidas insostenibles. Su objetivo, en sus propias palabras: «sangrar a Francia hasta morir».

Lo que Falkenhayn no calculó con precisión es que el ejército alemán también sufriría pérdidas catastróficas en el proceso. La «trampa de sangre» que tendió para Francia acabó atrapando a ambos ejércitos.

El inicio del ataque: 21 de febrero de 1916

El ataque alemán comenzó con el mayor bombardeo artillero concentrado que el mundo había visto. Durante nueve horas, los cañones alemanes dispararon más de un millón de proyectiles sobre las posiciones francesas. Luego avanzó la infantería del Quinto Ejército alemán, comandado por el Príncipe heredero Guillermo.

En los primeros días, los alemanes avanzaron con rapidez. El 24 de febrero, el fuerte de Douaumont, considerado la pieza central de las defensas francesas, cayó casi sin resistencia: una pequeña patrulla alemana de doce hombres lo encontró prácticamente vacío porque los franceses lo habían desguarnecido para enviar tropas al frente. Su caída provocó un shock enorme en Francia. El gobierno de París estuvo a punto de declarar que Verdún era indefendible y ordenar la retirada.

Pétain toma el mando

En ese momento crítico, el general Philippe Pétain fue nombrado comandante del sector de Verdún. Su llegada cambió el curso de la batalla. Pétain reorganizó el suministro de tropas y municiones a través de la única carretera disponible, que sus soldados bautizarían como la Voie Sacrée (el Camino Sagrado): un corredor de 56 kilómetros por el que circulaban sin parar camiones cargados de hombres y materiales. En su punto álgido, un camión pasaba por ese camino cada 14 segundos.

Pétain también introdujo el sistema de rotación de divisiones: en lugar de mantener las mismas unidades en el frente hasta su aniquilación, las relevaba periódicamente. Con el tiempo, dos tercios del ejército francés combatieron en Verdún. «Ils ne passeront pas» — No pasarán — se convirtió en el lema de la defensa francesa.

La batalla de los fuertes y las trincheras

Lo que siguió durante meses fue una guerra de una brutalidad sin precedentes. El terreno de Verdún quedó completamente transformado por los obuses: los bosques desaparecieron, los pueblos fueron borrados del mapa, el suelo quedó tan impregnado de explosivos y cadáveres que todavía hoy el área circundante, conocida como la Zone Rouge (Zona Roja), está prohibida para la agricultura y la construcción.

Los soldados combatían en un ambiente de pesadilla. El barro lo invadía todo. Los cadáveres no podían ser recogidos. Las trincheras se llenaban de ratas. Los obuses de gas añadían una dimensión química al horror. Muchos soldados enloquecieron. Las cartas que enviaban a sus familias, cuando la censura militar lo permitía, describían un infierno que sus palabras apenas podían capturar.

En julio, para aliviar la presión sobre Verdún, los británicos lanzaron la Batalla del Somme en otro sector del frente, que resultaría en 57.000 bajas británicas solo el primer día. En agosto, los franceses lanzaron contraataques que recuperaron gradualmente terreno. El fuerte de Douaumont fue recapturado en octubre. Para diciembre, el frente había vuelto prácticamente a donde estaba en febrero.

Soldados en las trincheras durante la Primera Guerra Mundial, 1916
Las trincheras del frente occidental durante 1916, el año más sangriento de la guerra. Imagen de dominio público.

El balance: 700.000 bajas, cero avance

Cuando la batalla terminó oficialmente el 18 de diciembre de 1916, el balance era estremecedor. Las cifras exactas varían según las fuentes, pero los historiadores calculan aproximadamente 377.000 bajas francesas (muertos, heridos, prisioneros y desaparecidos) y 337.000 alemanas, para un total de unos 700.000 hombres. En algunos estudios la cifra asciende a más de 800.000.

El territorio conquistado por Alemania al inicio de la batalla fue completamente recuperado por Francia. El resultado territorial neto de diez meses de combate fue cero. Falkenhayn fue destituido en agosto de 1916, sustituido por Hindenburg y Ludendorff. Pétain, el «salvador de Verdún», se convirtió en el general más popular de Francia — aunque su fama quedaría para siempre empañada por su colaboración con los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

El legado de Verdún

Verdún se convirtió en el símbolo más poderoso del absurdo de la guerra de trincheras. Para la generación francesa que la vivió, fue la experiencia definitoria de toda una época. El campo de batalla, con sus osarios que contienen los restos mezclados de más de 130.000 soldados no identificados, fue declarado zona de memoria y sigue siendo hoy uno de los lugares históricos más visitados de Europa.

En un sentido más amplio, Verdún ejemplifica la naturaleza de la Primera Guerra Mundial: una guerra en la que la superioridad industrial de las naciones industrializadas había creado armas de destrucción masiva, pero en la que la táctica militar no había encontrado aún la manera de traducir esa potencia de fuego en victorias decisivas. El resultado era una carnicería sin sentido estratégico, sostenida por el orgullo nacional y la incapacidad de los líderes para admitir que el sacrificio ya realizado había sido en vano.

Cuando el presidente francés François Mitterrand y el canciller alemán Helmut Kohl se tomaron de la mano en el osario de Douaumont en 1984, estaban reconociendo algo que los soldados de 1916 no pudieron imaginar: que aquellos hombres que se mataron unos a otros durante meses en ese pedazo de tierra de Lorena eran, en el fondo, ciudadanos del mismo proyecto europeo.

Los Momentos que Cambiaron la Historia

1914
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Verdún y el Somme
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