GUERRA DE COREA

Desembarco de Inchon 1950: La Maniobra Maestra de MacArthur

La apuesta más arriesgada de la guerra

El 15 de septiembre de 1950, 75.000 soldados de la ONU desembarcaron en Inchon, el puerto de Seúl, en una de las operaciones anfibias más audaces y brillantemente ejecutadas de la historia militar. La operación, concebida y defendida con tenacidad contra toda oposición por el general Douglas MacArthur, sorprendió totalmente al ejército de Corea del Norte y cambió radicalmente el curso de la Guerra de Corea en menos de dos semanas. Era el equivalente del Día D en el Pacífico: un golpe quirúrgico que amenazaba con cortar las líneas de suministro de todo el ejército invasor norcoreano.

La situación desesperada en verano de 1950

Para entender la audacia de Inchon hay que recordar la situación en agosto de 1950. El 25 de junio de ese año, el Ejército Popular de Corea del Norte (NKPA) cruzó el Paralelo 38 con 135.000 soldados equipados con tanques soviéticos T-34, aplastando a las fuerzas survietnamanas y empujando a los escasos soldados americanos presentes hasta el extremo sureste de la península: el llamado Perímetro de Pusan. En ese rincón de apenas 140 por 90 kilómetros, el general Walton Walker resistía con el 8.º Ejército americano y las fuerzas survietnamanas supervivientes, amenazado constantemente de ser arrojado al mar. La guerra parecía casi perdida.

MacArthur propuso la solución más radical posible: un desembarco anfibio en Inchon, a 300 kilómetros al norte del Perímetro de Pusan, directamente en la retaguardia norcoreana. La idea era cortar las líneas de suministro del NKPA, que dependían de la carretera y el ferrocarril que pasaban por Seúl e Inchon, y amenazar con rodear completamente a las fuerzas norcoreanas atacando desde el norte y el sur simultáneamente.

El desembarco anfibio de Inchon el 15 de septiembre de 1950
El desembarco anfibio de Inchon el 15 de septiembre de 1950

Los obstáculos «imposibles» de Inchon

Los jefes del Estado Mayor en Washington se opusieron casi unánimemente al plan. Inchon presentaba dificultades técnicas que la convertían, en palabras del almirante James Doyle, en «el peor lugar posible para un desembarco anfibio». Las mareas en Inchon eran de las más extremas del mundo: la diferencia entre marea alta y baja alcanzaba los 9 metros, dejando expuesto durante horas un fango imposible de cruzar. La ventana de marea alta favorable duraba apenas unas pocas horas, y solo se daba en determinadas fechas. Las playas de desembarco eran en realidad muelles y malecones urbanos, no playas abiertas. El canal de acceso estaba minado y flanqueado por la isla fortaleza de Wolmi-do, que debía ser neutralizada primero.

MacArthur argumentó que precisamente porque todos esos obstáculos hacían Inchon impensable, los norcoreanos no lo defenderían adecuadamente. La sorpresa estratégica sería total. En una legendaria reunión en Tokyo el 23 de agosto de 1950, MacArthur defendió el plan durante 45 minutos ante un auditorio escéptico de almirantes y generales, concluyendo: «Inchon tendrá éxito, y salvará 100.000 vidas». El presidente Truman aprobó la operación.

El general Douglas MacArthur, artífice del desembarco de Inchon en 1950
El general Douglas MacArthur, artífice del desembarco de Inchon en 1950

El desarrollo de la Operación Chromite

La Operación Chromite comenzó al amanecer del 15 de septiembre de 1950. Primero, a las 6:33 de la mañana, los Marines de la 1.ª División de Marines asaltaron la isla de Wolmi-do, dominando el acceso al puerto en apenas 45 minutos con 17 bajas propias. Por la tarde, en la siguiente marea alta, dos oleadas de Marines desembarcaron en las playas de Rojo y Azul de Inchon. A medianoche, 13.000 Marines habían tomado la ciudad con sorprendente facilidad: las defensas norcoreanas eran escasas, exactamente como MacArthur había predicho.

El avance fue fulminante. Seúl fue recuperada el 27 de septiembre, apenas doce días después del desembarco. Simultáneamente, el 8.º Ejército de Walker rompió el Perímetro de Pusan el 16 de septiembre y avanzó hacia el norte. El NKPA, atrapado entre dos fuerzas, se desintegró. De los 135.000 soldados norcoreanos que habían invadido el sur, solo unos 25.000 consiguieron escapar al norte del Paralelo 38. El resto murió, fue capturado o quedó dispersado. En tres semanas, la guerra había dado un vuelco de 180 grados.

Las consecuencias y el exceso de ambición

El éxito de Inchon fue tan aplastante que embriagó a MacArthur y a la administración Truman. En lugar de detenerse en el Paralelo 38 —el objetivo inicial de la ONU— las fuerzas americanas cruzaron hacia el norte con el objetivo de reunificar toda la península. MacArthur, desestimando las advertencias de China, avanzó hasta el río Yalu, en la frontera china-coreana. En octubre de 1950, 300.000 soldados del Ejército Popular de Liberación chino cruzaron el Yalu en secreto y lanzaron una contraofensiva devastadora que arrojó a los americanos de vuelta al sur del Paralelo 38 en pleno invierno coreano.

Inchon fue un triunfo táctico absoluto que se convirtió en un desastre estratégico por la soberbia que generó. MacArthur, que había predicho correctamente que los norcoreanos no defenderían Inchon, predijo incorrectamente que China no intervendría. Fue destituido por Truman en abril de 1951 por insubordinación pública. La guerra se prolongaría durante dos años más, concluyendo en julio de 1953 en prácticamente la misma línea donde había comenzado: el Paralelo 38. El sacrificio de Inchon y toda la guerra dejó 37.000 americanos muertos.

El legado de Inchon en la historia militar

El Desembarco de Inchon sigue siendo estudiado en academias militares de todo el mundo como ejemplo supremo de la operación anfibia ofensiva y de la importancia de la sorpresa estratégica. También se estudia como advertencia sobre los peligros del exceso de confianza tras un éxito brillante. MacArthur, que tuvo razón cuando todos se equivocaban sobre la viabilidad del desembarco, tuvo una equivocación fatal sobre las intenciones chinas. La historia militar raramente ofrece ejemplos tan nítidos de la diferencia entre el éxito táctico y el juicio estratégico.

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