El comandante que sus enemigos admiraban
Erwin Rommel fue el único comandante alemán de la Segunda Guerra Mundial abiertamente admirado por sus enemigos. Churchill lo llamó «un gran general». Sus adversarios en el desierto lo apodaron el Zorro del Desierto. Sus soldados lo llamaban simplemente «el Mariscal». En una guerra marcada por la brutalidad ideológica, Rommel combatió de manera que sus prisioneros de guerra fueron tratados con respeto, sus tropas le adoraban y hasta los soldados británicos y americanos que se enfrentaban a él reconocían su genio táctico. Su historia personal —del héroe de guerra al conspirador contra Hitler— es una de las más trágicas y fascinantes de toda la Segunda Guerra Mundial.
Los primeros años: de Württemberg a la fama
Erwin Johannes Eugen Rommel nació el 15 de noviembre de 1891 en Heidenheim an der Brenz, en el reino de Württemberg, hijo de un maestro de escuela. A diferencia de los grandes generales alemanes de su época —la mayoría de familias aristocráticas prusianas—, Rommel era de clase media y del sur de Alemania, lo que siempre lo convirtió en un outsider en la élite militar alemana.
En la Primera Guerra Mundial, Rommel destacó como oficial de infantería por su audacia y velocidad de reacción. En octubre de 1917, durante la Batalla de Caporetto en el frente italiano, con apenas 600 soldados capturó el Monte Matajur y tomó prisioneros a más de 9.000 soldados italianos en 52 horas de operaciones. Recibió la Pour le Mérite, la más alta condecoración militar alemana. Ya entonces su método era reconocible: rapidez, sorpresa, presencia personal en el punto de decisión.

Francia 1940: la División Fantasma
Al mando de la 7.ª División Panzer durante la campaña de Francia en mayo-junio de 1940, Rommel desarrolló su reputación de general que siempre estaba donde menos lo esperaba el enemigo. Su división avanzó tan rápido y de manera tan impredecible que fue apodada la «División Fantasma» —ni el propio mando alemán sabía siempre dónde estaba. Cruzó el Mosa en Dinant contra toda expectativa, rompió la línea Maginot por el flanco y llegó al canal de la Mancha en diez días. Era una velocidad sin precedentes.
El Afrika Korps: el escenario que lo inmortalizó
En febrero de 1941, Hitler envió a Rommel al Norte de África para apoyar al ejército italiano, que había sido aplastado por los británicos en Libia. Rommel llegó con el recién creado Afrika Korps —inicialmente solo dos divisiones— y en semanas había revertido completamente la situación, lanzando una ofensiva que sorprendió al mando británico y reconquistó casi toda Libia. Las siguientes dos años de campaña en el desierto norte-africano serían el escenario de sus grandes victorias y su derrota final.
La guerra del desierto era perfecta para el estilo de Rommel. El terreno abierto favorecía la maniobra de tanques; la ausencia de civiles reducía los dilemas morales; la distancia del frente oriental lo mantenía al margen de las peores atrocidades del régimen. Rommel combatió aplicando estrictamente las leyes de la guerra: los prisioneros fueron tratados correctamente, las poblaciones civiles respetadas. Cuando Hitler le ordenó fusilar a los soldados judíos capturados entre las fuerzas de la Brigada Judía, Rommel se negó e ignoró la orden.

El punto de inflexión: El Alamein
En junio de 1942, Rommel capturó Tobruk con sus 33.000 defensores y fue ascendido a Feldmariscal —el más joven de la historia alemana, con 50 años. Pero el avance hacia el Canal de Suez se detuvo en El Alamein, a solo 90 kilómetros de Alejandría. Las líneas de suministro estaban al límite; el Afrika Korps recibía apenas una fracción del combustible y las municiones necesarias. Cuando el general británico Bernard Montgomery lanzó la Segunda Batalla de El Alamein en octubre de 1942 con abrumadora superioridad material, el Afrika Korps no pudo resistir. La retirada de 3.000 kilómetros a través de Libia hasta Túnez fue un ejemplo de maestría defensiva, pero era el principio del fin.
La conspiración y la muerte
De vuelta en Europa, Rommel comandó las defensas en Francia contra la inminente invasión aliada. Después del Día D, convencido de que Alemania había perdido la guerra, se aproximó cautelosamente a los conspiradores del 20 de julio de 1944 que intentaron asesinar a Hitler. No participó directamente en el atentado, pero los conspiradores le habían designado posible jefe de Estado en un gobierno postHitler. Cuando el complot fracasó y los Gestapo interrogaron a los supervivientes, el nombre de Rommel apareció.
Hitler ofreció a Rommel, herido en un ataque aéreo aliado en julio de 1944, una elección: juicio por traición ante el Tribunal Popular —que significaría la muerte y el deshonor para su familia— o suicidio con veneno, con funerales de Estado y seguridad para su mujer e hijo. El 14 de octubre de 1944, Rommel tomó el veneno en presencia de dos generales de las SS enviados por Hitler. El comunicado oficial decretó que había muerto de las heridas sufridas en combate. Recibió funerales de Estado. La verdad no se conoció hasta después de la guerra.
El legado histórico
Rommel es una figura históricamente compleja. Fue un genio táctico que sirvió lealmente a un régimen criminal hasta que sus propios valores morales no le permitieron continuar. No fue el general perfecto —sus errores logísticos y su exceso de confianza en el desierto contribuyeron a su derrota— pero sí fue uno de los comandantes más brillantes de la guerra moderna. Su legado perdura: el Tanques en el Ataque (Infanterie greift an), su libro de táctica escrito antes de la guerra, sigue siendo lectura obligatoria en varias academias militares occidentales.
El estilo de mando de Rommel: Auftragstaktik llevada al extremo
Para entender a Rommel como militar hay que comprender el concepto alemán de Auftragstaktik (táctica de misión): el principio de que los oficiales subordinados deben recibir objetivos, no instrucciones detalladas, y deben tener libertad para tomar las decisiones necesarias para lograr esos objetivos en función de las circunstancias cambiantes del combate. Rommel llevó este principio al extremo: no solo delegaba en sus subordinados sino que él mismo se situaba en el punto de mayor decisión del combate, a menudo al frente de sus columnas de tanques, para poder tomar decisiones en tiempo real basadas en lo que veía directamente.
Este estilo de mando producía victorias deslumbrantes pero también creaba problemas: Rommel era frecuentemente inaccesible para su cuartel general, y sus suministros a menudo no podían seguir el ritmo de sus avances. Su velocidad de decisión y de movimiento era su mayor fortaleza y su mayor debilidad. En el Norte de África, donde los problemas de suministro eran siempre el factor limitante, la brillantez táctica de Rommel chocaba constantemente contra la realidad logística de que el Afrika Korps no recibía el material que necesitaba. El propio Rommel reconoció: «Con el suministro adecuado, habría tomado El Cairo en 1942».
Rommel y la Wehrmacht en Francia: la defensa del Atlántico
Cuando Rommel fue asignado en diciembre de 1943 al mando del Grupo de Ejércitos B para inspeccionar y reforzar las defensas del Muro del Atlántico, encontró un sistema defensivo que existía principalmente en el papel. Las fotos de propaganda mostraban formidables bunkers de cemento; la realidad era una línea costera con grandes gaps, deficiencias en minas y obstáculos, y guarniciones insuficientes. Rommel se lanzó a una actividad frenética: ordenó instalar millones de minas en las playas y los accesos, construir obstáculos anti-planeador en los campos del interior y reforzar las posiciones de artillería en los puntos más vulnerables.
Su visión táctica para la defensa del Muro del Atlántico difería radicalmente de la de su superior, el mariscal Gerd von Rundstedt. Rundstedt quería mantener las fuerzas blindadas de reserva en el interior para contraatacar después del desembarco. Rommel, que había visto en el Norte de África lo que hacía la superioridad aérea aliada sobre las columnas en movimiento, insistía en que los blindados debían estar en la costa misma: una vez que los aliados desembarcaran y la aviación aliada bloqueara cualquier movimiento diurno, sería demasiado tarde para traer reservas. Hitler, indeciso, no apoyó completamente a ninguno de los dos. El resultado fue el peor de los dos mundos: ni defensas suficientemente densas en la playa ni reservas blindadas suficientemente adelantadas para contraatacar antes de que los aliados consolidaran su punto de apoyo.
El mito de Rommel: héroe para todos los bandos
El mito de Rommel comenzó a construirse durante la propia guerra. El propio Churchill contribuyó a construirlo en el Parlamento británico cuando llamó a Rommel «un gran general» en 1942 —un discurso que estuvo a punto de costarle el cargo porque sus colegas consideraban inadmisible elogiar a un enemigo. La propaganda nazi utilizó a Rommel como símbolo del genio militar alemán. Los soldados aliados desarrollaron un respeto casi supersticioso por el «Zorro del Desierto» que no beneficiaba precisamente a su moral.
Después de la guerra, el mito se consolidó con la publicación de los Papeles Rommel, editados por el historiador Basil Liddell Hart, que construyeron una imagen de Rommel como el «buen alemán»: el general que combatía honradamente, trataba a sus prisioneros correctamente y conspiraba contra Hitler. Esta imagen sirvió a la nueva Alemania de posguerra para reconciliarse con su pasado militar: si el mejor general alemán era un opositor a Hitler, el ejército alemán podía disociarse del nazismo. Historiadores posteriores han matizado esta imagen, señalando que Rommel sirvió lealmente al régimen hasta muy tarde y que su oposición a Hitler fue sobre todo el resultado de su convicción de que la guerra estaba perdida, no de principios morales anteriores. Pero la figura del Zorro del Desierto, con toda su complejidad, sigue siendo una de las más fascinantes de la Segunda Guerra Mundial.
Erwin Rommel: cronología de una carrera
La trayectoria de Rommel cabe en poco más de veinticinco años de servicio y en dos guerras. Verla seguida ayuda a entender algo que el mito difumina: su ascenso fue meteórico y debió mucho al favor personal de Hitler, no solo al talento.
| Fecha | Hecho | Edad |
|---|---|---|
| 15 de noviembre de 1891 | Nace en Heidenheim, Wurtemberg, en una familia de maestros | — |
| 1917 | Pour le Mérite por su actuación en el frente italiano | 25 |
| 1937 | Publica Infantería al ataque, que atrae la atención de Hitler | 45 |
| Mayo de 1940 | Manda la 7.ª División Panzer en Francia, apodada la División Fantasma | 48 |
| Febrero de 1941 | Llega a Libia al frente del Afrika Korps | 49 |
| Junio de 1942 | Toma Tobruk y es ascendido a mariscal de campo | 50 |
| Noviembre de 1942 | Derrota en El Alamein | 51 |
| 1944 | Manda el Grupo de Ejércitos B y las defensas del Muro Atlántico | 52 |
| 17 de julio de 1944 | Gravemente herido al ser ametrallado su coche desde el aire | 52 |
| 14 de octubre de 1944 | Se le fuerza a suicidarse; se anuncia que ha muerto por sus heridas | 52 |
El mito de Rommel: qué discute hoy la historiografía
Pocos militares alemanes han tenido una imagen póstuma tan favorable, y esa imagen no se construyó sola. Conviene saber quién la fabricó y qué partes resisten el examen.
Quién construyó la leyenda
La propaganda de Goebbels lo convirtió en estrella mediática, y después la británica lo engrandeció porque justificaba las derrotas propias: Churchill llegó a elogiarlo en los Comunes. Tras la guerra, la biografía de Desmond Young en 1950, el cine y el interés de la República Federal por rearmarse con oficiales presentables completaron la operación. El mito sirvió sucesivamente a tres bandos distintos.
¿Fue un general apolítico?
Es la pieza central de la leyenda y la más discutida. Rommel no perteneció al partido ni participó en crímenes de guerra documentados, y protegió su teatro de operaciones de las órdenes más criminales. Pero debió su carrera al favor directo de Hitler, se benefició de él durante años y no manifestó objeciones al régimen hasta que la guerra estaba perdida. Historiadores como Reuth sostienen que la imagen del militar puro y ajeno a la política no se sostiene.
¿Participó en el atentado del 20 de julio?
La versión oficial de posguerra lo situó entre los conspiradores. La investigación actual es más cauta: la mayoría de los historiadores acepta que conocía la existencia de planes contra Hitler y que había contactos con el círculo de Stülpnagel, pero no que apoyara el magnicidio. Prefería, al parecer, un arresto y una paz negociada en el oeste. Bastó para que se le forzara al suicidio.
¿Fue tan buen general como se dice?
Excelente comandante táctico y de vanguardia, con un instinto notable para el momento y el lugar del golpe. Sus críticos señalan lo otro: descuidaba la logística, extendía sus líneas más allá de lo sostenible y trataba el suministro como un problema ajeno. En un teatro que dependía por completo del tonelaje que llegaba a puerto, eso no es un detalle menor.
Preguntas frecuentes
¿Por qué llamaban a Rommel el Zorro del Desierto?
El apodo Wüstenfuchs nació de su habilidad para el engaño y el movimiento rápido en la campaña de Libia entre 1941 y 1942: fintas, envolvimientos y ataques donde no se le esperaba. La prensa británica lo popularizó tanto como la alemana.
¿Cómo murió Erwin Rommel?
Se le obligó a envenenarse con cianuro el 14 de octubre de 1944. Dos generales le ofrecieron elegir entre el suicidio, con garantías para su familia y funeral de Estado, o un proceso ante el Tribunal del Pueblo. Se anunció oficialmente que había muerto a consecuencia de las heridas de julio.
¿Fue Rommel miembro del partido nazi?
No estuvo afiliado. Eso no lo convierte en opositor: mandó la escolta de Hitler antes de la guerra, se benefició de su patrocinio para saltarse el escalafón y aceptó de buen grado el papel de figura propagandística durante años.
¿Cuál fue su mayor victoria?
La batalla de Gazala y la toma de Tobruk en junio de 1942, con unos 35.000 prisioneros británicos. Le valió el bastón de mariscal de campo a los cincuenta años, el más joven del ejército alemán en alcanzarlo.
¿Qué hizo Rommel en Normandía?
Mandaba el Grupo de Ejércitos B y sostuvo, frente a Rundstedt, que la invasión debía detenerse en la propia playa porque la superioridad aérea aliada impediría mover reservas después. El desembarco le sorprendió en Alemania, de permiso por el cumpleaños de su esposa.
Fuentes
- Fraser, David, Knight’s Cross: A Life of Field Marshal Erwin Rommel, 1993.
- Reuth, Ralf Georg, Rommel: El final de una leyenda, 2004.
- Remy, Maurice Philip, Mythos Rommel, 2002.
- Lieb, Peter, Erwin Rommel: Widerstandskämpfer oder Nationalsozialist?, 2013.
- Young, Desmond, Rommel: The Desert Fox, 1950.