El asesinato de Francisco Fernando: el disparo que incendió el mundo
El 28 de junio de 1914, un joven de 19 años apretó el gatillo en una calle de Sarajevo y desencadenó la guerra más devastadora que Europa había conocido hasta entonces. Esta es la historia de cómo un asesinato cambió el curso de la historia.
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4/17/20265 min read


Dos hombres, dos mundos, un mismo destino
El domingo 28 de junio de 1914 amaneció soleado en Sarajevo. En esa misma ciudad coincidieron dos hombres que no podrían haber sido más diferentes. Uno era el archiduque Francisco Fernando, heredero del Imperio austrohúngaro, con 50 años, una inmensa fortuna y el peso de una de las coronas más antiguas de Europa sobre los hombros. El otro era Gavrilo Princip, un muchacho de 19 años nacido en una humilde familia campesina de Bosnia, delgado, enfermizo, con poco más que una pistola y una convicción nacionalista devoradora. Ninguno sabía que aquella mañana cambiaría el mundo para siempre.
¿Quién era Francisco Fernando?
Francisco Fernando no estaba destinado a ser heredero al trono. Nacido el 18 de diciembre de 1863 en Graz, era sobrino del emperador Francisco José I. Solo una cadena de muertes trágicas lo colocó en la línea sucesoria: en 1889 su primo el príncipe heredero Rodolfo se suicidó en su pabellón de caza de Mayerling, y en 1896 murió su propio padre, el archiduque Carlos Luis. Así, casi por accidente del destino, Francisco Fernando se convirtió en el futuro del Imperio.
Era un hombre contradictorio. Tenía fama de temperamento difícil e irascible, pero también albergaba ideas sorprendentemente progresistas para su época: era defensor de un proyecto federalista que reorganizaría el Imperio en estados semiautónomos, lo que habría dado más poder a los pueblos eslavos. Paradójicamente, esa misma propuesta fue una de las razones por las que sus asesinos quisieron eliminarlo: temían que si triunfaba, quitaría argumentos a los independentistas serbios.
En junio de 1914, Francisco Fernando viajó a Bosnia en su papel de inspector general del ejército austrohúngaro, para supervisar unas maniobras militares de verano. Las autoridades locales le advirtieron que el ambiente en Sarajevo estaba caldeado y que la visita podría ser peligrosa. Él hizo caso omiso.
La conspiración: Joven Bosnia y la Mano Negra
Cuando se supo que el archiduque visitaría Sarajevo, un grupo de jóvenes nacionalistas serbobosnios vio la oportunidad perfecta. Pertenecían a Joven Bosnia, una organización irredentista que soñaba con liberar Bosnia del dominio austrohúngaro y unir a todos los pueblos eslavos del sur. Entre sus miembros más determinados estaba Gavrilo Princip, un estudiante expulsado de su escuela por agitador, que había recorrido a pie los 280 kilómetros que separan Sarajevo de Belgrado para buscar su camino en la causa nacionalista.
Detrás de la conspiración había también la mano de la Mano Negra, una sociedad secreta ligada al ejército serbio cuyo lema era "Unificación o Muerte". El mayor Vojislav Tankosić, miembro de esta organización, se encargó de armar y entrenar a los jóvenes conspiradores. Les proporcionaron pistolas, granadas y, significativamente, cápsulas de cianuro: debían suicidarse antes de dejarse capturar.
En total eran siete los conspiradores apostados en distintos puntos del recorrido oficial del archiduque por las calles de Sarajevo. El plan parecía sólido. Pero el destino tenía preparada una serie de giros absurdos que convertirían aquella mañana en algo casi cinematográfico.
El primer atentado fracasa... de forma ridícula
Hacia las 10 de la mañana, la comitiva del archiduque avanzaba en sus automóviles descapotados por el Quai Appel, el paseo junto al río. Uno de los conspiradores, Nedeljko Čabrinović, lanzó una granada contra el coche del archiduque. Pero Francisco Fernando tuvo los reflejos de apartarla de un manotazo. La granada rebotó y explotó bajo el coche siguiente, hiriendo levemente a varios ocupantes y a algunas personas en la calle.
Čabrinović, siguiendo el plan, ingirió su cápsula de cianuro y se arrojó al río Miljacka. Pero el cianuro resultó estar caducado y apenas le provocó náuseas, y el río en ese punto tenía apenas diez centímetros de profundidad. Fue arrestado de inmediato, medio ahogado y vomitando, sin haber conseguido nada.
El resto de conspiradores se dispersaron. El atentado había fracasado. Francisco Fernando continuó hacia el Ayuntamiento, donde el alcalde de Sarajevo, ajeno a lo ocurrido, comenzó a pronunciar su discurso de bienvenida. El archiduque lo interrumpió furioso: "¡Señor alcalde, hemos venido de visita y nos han lanzado una bomba!".
El azar que cambió la historia
Tras el almuerzo en el Ayuntamiento, Francisco Fernando insistió en visitar el hospital donde se encontraban los heridos del primer atentado. Se modificó la ruta. Pero nadie informó al conductor del cambio de itinerario. El coche tomó una calle equivocada y el gobernador de Bosnia, el general Potiorek, le gritó que se había equivocado. El conductor frenó y comenzó a maniobrar para dar marcha atrás justo delante de la tienda de delicatessen Schiller, en la esquina del Puente Latino.
En ese preciso momento, Gavrilo Princip estaba en esa misma esquina. Había asumido que el atentado había fracasado y se había acercado simplemente a comprar algo. Cuando levantó la vista y vio el coche del archiduque parado a menos de un metro de distancia, apenas pudo creerlo. Sacó su pistola FN modelo 1910 y disparó dos veces a bocajarro. La primera bala alcanzó a Sofía Chotek, esposa del archiduque, en el abdomen. La segunda impactó en el cuello de Francisco Fernando.
Eran aproximadamente las 11 de la mañana del 28 de junio de 1914. Ambos fallecieron poco después. El archiduque, según los testigos, repetía agonizante: "Sopherl, Sopherl, stirb nicht!" ("Sofía, Sofía, ¡no te mueras!").
El efecto dominó: de Sarajevo a la guerra mundial
Princip fue detenido en segundos por la policía, que evitó que la multitud lo linchara. Tenía 19 años, era menor de edad según la legislación austrohúngara, por lo que no podía ser ejecutado. Fue condenado a veinte años de prisión y murió en la fortaleza de Terezín en 1918, consumido por la tuberculosis, sin llegar a ver el final de la guerra que había desencadenado.
Lo que siguió al asesinato fue una escalada diplomática que en apenas cinco semanas arrastró a toda Europa a la guerra. Austria-Hungría, respaldada por Alemania con el famoso "cheque en blanco" de apoyo incondicional, emitió un ultimátum a Serbia con condiciones deliberadamente inaceptables. Serbia las rechazó parcialmente. El 28 de julio de 1914, exactamente un mes después del asesinato, Austria-Hungría declaró la guerra a Serbia. La cadena de alianzas hizo el resto: Rusia movilizó sus tropas en apoyo de Serbia, Alemania declaró la guerra a Rusia y a Francia, e invadió Bélgica siguiendo el Plan Schlieffen. Gran Bretaña, en defensa de la neutralidad belga, declaró la guerra a Alemania. En menos de una semana, toda Europa estaba en llamas.
¿Pudo evitarse la guerra?
La pregunta que los historiadores llevan más de un siglo debatiendo es si el asesinato de Francisco Fernando fue la causa de la Primera Guerra Mundial o simplemente la chispa que encendió un polvorín que habría explotado de todas formas. La mayoría coincide en que las tensiones acumuladas, las alianzas militares, el nacionalismo y la carrera armamentística hacían casi inevitable un gran conflicto en Europa. El asesinato de Sarajevo no creó esas tensiones: simplemente les dio el detonante que necesitaban.
Lo que sí es cierto es que la cadena de casualidades que llevó a Princip a estar en el lugar exacto en el momento exacto es asombrosa. Un conductor que se equivocó de calle, un coche que frenó en el sitio equivocado, un joven que había salido a comprar algo. La historia del siglo XX giró sobre esos pocos metros y esos pocos segundos en una calle de Sarajevo.
Conclusión: la chispa del siglo
El asesinato de Francisco Fernando el 28 de junio de 1914 es uno de los eventos más estudiados y debatidos de la historia moderna. Un magnicidio perpetrado por un joven desconocido, en una ciudad que pocas personas en Europa occidental habrían sabido situar en el mapa, desencadenó cuatro años de guerra que mataron a más de nueve millones de soldados y siete millones de civiles, derrumbaron cuatro imperios y redibujaron el mapa del mundo.
El Puente Latino de Sarajevo, donde Princip apretó el gatillo, sigue en pie hoy. Es quizás el lugar más pequeño de la historia que más consecuencias tuvo para la humanidad.
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