«Su hora más bella»
En el verano de 1940, Gran Bretaña se encontraba sola frente a la Alemania nazi. Francia había caído en seis semanas. Los ejércitos aliados habían sido evacuados a duras penas desde Dunkerque. Los Estados Unidos permanecían neutrales. Hitler dominaba Europa continental desde el Atlántico hasta las fronteras de la Unión Soviética. Para la mayoría de los observadores, la rendición británica era solo cuestión de tiempo. En ese momento, Winston Churchill pronunció sus palabras más célebres: «Esta será su hora más bella.»
Lo que siguió fue la primera gran batalla de la historia librada exclusivamente en el aire: la Batalla de Inglaterra, entre julio y octubre de 1940. En ella se jugó no solo el destino de Gran Bretaña, sino el de toda Europa occidental.

El plan alemán: destruir la RAF
La invasión de Gran Bretaña — la Operación León Marino — requería control del aire. Sin él, la Luftwaffe no podía proteger los convoyes de transporte que cruzaran el Canal, y la Royal Navy los hundiría fácilmente. El jefe de la Luftwaffe, el mariscal del aire Hermann Göring, prometió a Hitler que destruiría a la RAF en cuatro semanas.
La Luftwaffe tenía superioridad numérica: 2.600 aviones frente a unos 700 cazas operativos de la RAF. Pero los británicos tenían ventajas cruciales: combatían sobre su propio territorio (los pilotos que se eyectaban podían volver al combate al día siguiente), disponían de una red de radar pionera que les alertaba de los ataques con antelación, y tenían el genio organizativo del jefe de Cazas, el mariscal del aire Hugh Dowding.
El error alemán que cambió el resultado
Durante agosto de 1940, la Luftwaffe atacó sistemáticamente los aeródromos y las instalaciones de radar británicas. La RAF estaba al límite: perdía pilotos y aviones más rápido de lo que podía reemplazarlos. Algunos aeródromos quedaron temporalmente fuera de servicio. Si los alemanes hubieran mantenido esa estrategia, podrían haber destruido la capacidad de combate de la RAF.
Pero el 25 de agosto, la RAF bombardeó Berlín en respuesta a un bombardeo alemán accidental sobre Londres. Hitler, furioso, ordenó cambiar el objetivo: la Luftwaffe atacaría Londres y otras ciudades en lugar de los aeródromos. Fue un error estratégico decisivo. Los aeródromos se recuperaron. La RAF ganó el tiempo que necesitaba. El Blitz — los bombardeos masivos sobre Londres y otras ciudades entre septiembre de 1940 y mayo de 1941 — causó enormes sufrimientos a la población civil, pero no derrotó a la RAF.

El resultado: Hitler pospone la invasión
En octubre de 1940, Hitler pospuso indefinidamente la Operación León Marino. La RAF no había sido destruida. La invasión era imposible sin control del aire. Gran Bretaña sobrevivió. La importancia estratégica de este resultado difícilmente puede exagerarse: Gran Bretaña se convirtió en la base desde la que se lanzaría el Día D cuatro años después. Sin la Batalla de Inglaterra, no habría habido liberación de Europa occidental.
Churchill resumió la deuda histórica con los 544 pilotos de la RAF que murieron en la batalla con su frase más memorable: «Nunca en el campo del conflicto humano tantos debieron tanto a tan pocos.»